Alejandro G. Iñárritu

Rolex y el cine

«Trascended vuestra razón y seguid vuestra intuición», aconseja Alejandro G. Iñárritu a jóvenes cineastas. Es uno de los tres únicos ganadores del premio Óscar a la mejor dirección dos años consecutivos, por Birdman y El renacido. Para el director, la habilidad de compartir el misterio de «aquellas cosas que solo pueden sentirse» es un elemento esencial de la cinematografía.

La entrevista

¿Qué significa para ti el concepto de excelencia perpetua?

Lo único que dura para siempre en una obra de arte, en esa expresión humana y personal, es cómo esa obra cambia.

La manera en que se percibe esa obra de arte siempre va a evolucionar dependiendo de quién la vea y en qué momento en el tiempo. Una película, como una obra de arte, es un ser vivo, y se transforma constantemente. Cada persona que ve la película, y cómo influye en cada una de ellas de manera distinta, provoca que la película cambie. Lo único que perdura para siempre es la naturaleza del cambio de la obra a través de las experiencias de las personas.

¿Sigues alguna filosofía que te inspire o que te influya en tu forma de trabajar?

Soy autodidacta y siempre he seguido mi intuición. La intuición es básicamente conocimiento sin disponer de información o estadísticas. Es puro conocimiento; es la sabiduría interior que todos tenemos.

¿Cómo te pones a prueba? ¿Cómo conservas tu originalidad a la vez que desafías tus límites?

Más que ponerme a prueba, diría que se trata de ser fiel a ti mismo. Creo que ese es el límite más importante que hay que desafiar constantemente. Porque si eres sincero contigo mismo, tu lealtad hacia tu perspectiva le aporta una originalidad innata.

Cualquiera puede compartir con los demás su manera única de interpretar su experiencia vivida en el planeta en un tiempo y espacio irrepetibles. Todos tenemos esa singularidad. Por lo tanto, la tarea es cómo expresar esa experiencia, encontrar el lenguaje para contarla.

Hay películas que pueden ser hechas por cualquiera, pero otras, solo podrán estar hechas por ti.

¿Qué te gustaría que aprendieran los jóvenes cineastas de tu trabajo y cómo inviertes en la nueva generación de cineastas emergentes?

Siento que está ocurriendo algo muy importante y hermoso con los jóvenes cineastas. Es diferente de mi generación, donde parecía que tu destino ya estaba escrito según donde hubieras nacido. El idioma fue una gran barrera, y más allá del idioma en sí, no teníamos plataformas donde podías acceder a una gran cantidad y variedad de películas de todo el mundo. Nuestro conocimiento estaba mucho más limitado.

Ahora, gracias a esas plataformas y al acceso a todo este cine universal, los jóvenes de hoy en día no conocen límites. Tampoco tienen prejuicios a la hora de expresarse al mundo; usan su idioma, sus costumbres y sus singularidades. Poseen esa fuerza, junto con una visión y un conocimiento disponibles hoy en día sobre cinematografía internacional, que les dan alas. Creo que ahora, no solo gracias a la tecnología disponible para hacer películas, sino a la capacidad de compartir esas películas a través de tantas plataformas, es un enorme beneficio y los jóvenes están sacando provecho de ello de una forma sumamente poderosa.

Trasciende tu razón y sigue tu intuición.

¿Cuál es tu responsabilidad como cineasta?

Siempre que sea posible, realizar la mejor película que pueda. Considero que como cineasta, la única responsabilidad y deber es a ti mismo: tienes que ser sincero contigo mismo. Y creo que lo más importante es encontrar y aceptar tus limitaciones. También tus virtudes, pero tus limitaciones son más importantes. Desde ahí puedes empezar a trabajar con lo que dispones, no con lo que desearías tener sino con lo que te han dado.

Explorador
de la condición
humana

Gracias a los dos premios Óscar de Alejandro G. Iñárritu a la mejor dirección, el director de cine mexicano se ha ganado un lugar en la historia del cine, junto a las leyendas de Hollywood John Ford y Joseph L. Mankiewicz.
Su primera película, el drama Amores perros (2000), además de su segunda película que dirigió en su lengua materna, Biutiful (2010), fueron nominadas al premio Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Rodada en cuatro países, en tres continentes y en cuatro idiomas diferentes, Babel (2006) recibió siete nominaciones a los Premios de la Academia.

En 2014, dirigió y fue coautor de su primera comedia, Birdman. La película recibió nueve nominaciones a los Premios de la Academia y consiguió ganar cuatro premios, incluyendo tres para Iñárritu. En 2016, ganó otro premio Óscar por El renacido, convirtiéndose en el tercer director de la historia en ganar dos premios Óscar a la mejor dirección dos años seguidos. La película estuvo nominada a 12 Premios de la Academia.
Su último trabajo, CARNE y ARENA (Virtualmente presente, Físicamente invisible), es una instalación realizada mediante realidad virtual que permite al espectador experimentar un fragmento de los viajes personales de los migrantes. Fue galardonada con un Óscar honorífico en la ceremonia de los Premios de los Gobernadores (en inglés Governors Awards) de 2017.
Las películas de Iñárritu presentan a menudo historias interconectadas y una narrativa no lineal, un terreno donde el tiempo está fabricado y juega un papel primordial.

La iniciativa artística
Rolex
para mentores y discípulos

Iñárritu fue mentor de cine en la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos 2014-2015, e hizo que su discípulo, el joven director israelí Tom Shoval, le acompañase en el plató de El renacido, donde le demostró todas las «posibilidades infinitas» de la cinematografía.

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