James
Cameron

Rolex y el cine

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James Cameron es un aclamado director y explorador. Como director, guionista y productor es responsable de algunas de las películas más memorables de las últimas tres décadas: Terminator (1984), Aliens: el regreso (1986), Abyss (1989), Terminator 2: el juicio final (1991), Mentiras arriesgadas (1994), Titanic (1997), y Avatar (2009).

Maestro
en su arte

Las películas de James Cameron han abierto nuevos caminos a los efectos especiales y han establecido numerosos récords de taquilla tanto nacionalmente como en el extranjero: Avatar posee el récord de la película más taquillera de la historia del cine, y Titanic mantuvo ese mismo récord durante 12 años. Las películas de Cameron han obtenido a su vez numerosas nominaciones y premios. En particular, Titanic recibió 14 nominaciones a los premios Oscars® y cosechó 11 Oscars®, ambos fueron récords, incluyendo tres premios Oscars® a la mejor película, mejor dirección y mejor montaje.

Cameron es un ávido buceador desde 1969, y ha pasado más de 3000 horas bajo el agua, 500 de ellas en sumergibles. Con el objetivo de combinar sus dos grandes pasiones —el buceo y la cinematografía—, Cameron escribió, produjo y dirigió Abyss, película que abrió nuevo caminos en el cine y en la iluminación submarinos. Su atracción por las profundidades lo llevaron finalmente al Everest de los naufragios: el Titanic. En 1995, Cameron realizó 12 inmersiones en un sumergible tripulado al Titanic para preparar su largometraje. Para esa expedición, Cameron desarrolló un equipo inédito de rodaje, iluminación y robótico para usar en las profundidades a presiones extremas. El éxito técnico de esa expedición fomentó su deseo de llevar la experiencia de la exploración submarina a espectadores de todo el planeta, tal como expresó en su documental sobre la exploración y conservación de océanos.

La entrevista

¿Qué significa para ti la excelencia perpetua en la cinematografía?

Busco continuamente la manera de mejorar la película, de potenciar la forma en la que emociona a las personas. He intentado promover una ética, entre los compañeros de equipo y toda la producción, de ofrecer algo más que una película, de llevarlo más allá, porque sinceramente me aterra que las decisiones creativas que tomamos perduren para siempre. En mi opinión, esa es la parte perpetua que te conduce a la excelencia. La perfección no existe. La perfección existe en las matemáticas, pero no en las artes. Quieres sentirte orgulloso de lo que llevas a la gran pantalla, porque durará para siempre.

El miedo al fracaso te hace mejor en tu trabajo. El miedo de incluir algo en la película que no te gusta cuando sabes que perdurará durante años —si tienes suerte y tu película es un éxito, puede que se siga viendo dentro de 50 años— es lo que te hace bueno, o al menos te mantiene esforzándote, y es ahí donde quiero estar como cineasta. Quiero esforzarme constantemente. No quiero sentir jamás que he llegado al límite. El recorrido es la parte divertida. La mejor experiencia en la cinematografía es cuando tu propia película te sorprende durante su realización.

¿Qué te gustaría decirles a los jóvenes cineastas?

A un cineasta emergente, le daría consejos de la vieja escuela, porque aunque el entorno esté evolucionando constantemente, hay cosas que nunca cambian. En primer lugar, tienes que lidiar con las emociones humanas, lo cual es cada vez más difícil debido al gran número de herramientas. Hoy en día los efectos visuales son casi ilimitados, lo que posibilita una pérdida de contacto con las emociones humanas. Otra cuestión que pienso que es atemporal son las bases de la narración. Cómo cuentas una historia, cómo la desarrollas, o cómo atraes al público y conservas su atención. Son puntos fundamentales.

No se trata ni de las herramientas, ni de tomas ostentosas ni de grandes efectos especiales. Tienes que comunicarte con una voz auténtica y mantenerte en contacto permanente con tus emociones porque, a fin de cuentas, es lo que estás transmitiéndole al público.

Un cineasta seguro de sí mismo abre su mente a las ideas de las personas que le rodean y las de más arriba.

¿Piensas que tienes una responsabilidad como cineasta?

Creo que nuestra responsabilidad es resaltar los mensajes entre líneas. Estimo que ya hay suficientes voces negativas en el mundo ahora mismo y que nosotros, como directores de cine, podemos hacer algo bien: podemos redescubrirnos y destacar todo lo bueno del ser humano en salas de cine. Fijémonos en un personaje llevado a una situación extrema, así aprendemos como seres humanos, pero con una especie de responsabilidad subyacente. O al menos es así como lo enfoco.

Reconoce ese chispazo de inspiración
y no dejes que se te escape.

¿Qué hace que una película perdure?

Es posible conseguir que una película sea atemporal, pero este no es el objetivo de la mayoría de las películas: pienso que quieren representar su época, el zeitgeist. En primer lugar, una película debe dirigirse de forma universal al público. Tienes que encontrar un equilibrio entre el enfoque clásico y el novedoso a la hora de realizar películas. Hay determinados valores humanos que son universales para todas las culturas. Si regresas a esas nociones esenciales, puedes entretener y absorber a cualquiera, sea de la cultura que sea. Por ejemplo, me di cuenta con Avatar que los indígenas que vivían en la selva y tuvieron la oportunidad de ver la película quedaron tan fascinados como las personas que vivían en una gran ciudad metropolitana, puesto que la película reflejaba sus problemas. La película influyó de forma diferente en ellos, pero evocaba algo que nos es esencial: nuestro amor y atracción por la naturaleza. Si el objetivo es crear una película que perdure en el tiempo, tienes que tratar las emociones y la condición humana en su nivel más primario.

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