Ohad Naharin y Londiwe KhozaLA LIBERTAD DEL MOVIMIENTO

Fecha de publicación: 2018clockTiempo de lectura: 2m45s
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Desde que se vio inmerso en el inusual mundo del coreógrafo israelí Ohad Naharin durante un año, la capacidad de la bailarina sudafricana Londiwe Khoza para interpretar su propio cuerpo se ha transformado.

por Deborah Friedes Galili Enero de 2018
  • Ohad Naharin
  • Londiwe Khoza

Por las claraboyas entran rayos de sol de Tel Aviv que iluminan el estudio en el que ensaya diariamente The Young Ensemble de Batsheva, la compañía de jóvenes de la reputada Batsheva Dance Company de Israel. Londiwe Khoza, de 23 años, permanece de pie y alerta entre el variado grupo internacional de bailarines con un talento sobrenatural. Juntos, el grupo se mueve sin interrupciones, como un banco de peces, con sus serpenteantes espinas dorsales doblándose y sus extremidades esculpiendo hábilmente el espacio. A continuación giran a una velocidad mareante para después inclinarse, en un audaz desequilibrio, y desplazarse rápidamente por el suelo.

En cada giro, Khoza y sus colegas cruzan la mirada del público esparcido por el perímetro; los espectadores observan cautivados cómo el grupo ensaya Kamuyot, del director artístico de Batsheva Ohad Naharin. Los bailarines se sientan regularmente entre los espectadores, pero vuelven una y otra vez al centro, donde Khoza no ahorra ninguna molécula de su cuerpo en la coreografía alegremente idiosincrática de Naharin.

La sutil interpretación de Kamuyot que realiza Khoza con todo el cuerpo emana de una experiencia profundamente inmersiva con Naharin. Khoza estudió en la rigurosa Academy of Performing Arts de Ciudad del Cabo, trabajó con la neoclásica Cape Dance Company y con el Joburg Ballet antes de marcharse de su Sudáfrica natal a Israel en agosto de 2016, sumergiéndose en el mundo de Naharin a través de clases, ensayos y actuaciones diarias. «Una de las cosas que más me gustaron fue que Ohad insistió en que viniera aquí para un año», reflexiona en una animada pastelería a unos pasos del Centro Suzanne Dellal de Danza y Teatro, donde Batsheva tiene su sede.

Naharin lleva trabajando como director artístico de Batsheva desde 1990, motivando e impulsando a la compañía (y a la danza contemporánea israelí) a la primera línea de la escena internacional. Sus 40 años de experiencia como coreógrafo cuentan con un amplio reconocimiento, y la influencia de su obra alcanza no solo a la identidad de Batsheva, sino a los repertorios de compañías de Norteamérica, Sudamérica, Europa, Asia y Australia. Sin embargo, cuando tuvo que elegir a un discípulo, señala que «quería trabajar con un bailarín, no con un coreógrafo... Los bailarines necesitan formarse. Y los bailarines aprenden conociendo a gente que pueda enseñarles lo adecuado».

Naharin entró de lleno en la danza profesional a mediados de los años 70 del pasado siglo. Recién salido del ejército israelí, donde sirvió en el cuerpo de espectáculos, aterrizó en una formación en Batsheva y destacó por un papel de solista en una obra de la legendaria Martha Graham. Tras mudarse a Nueva York para bailar con la compañía de Graham, se puso al día en ballet y técnicas de danza moderna en The School of American Ballet y en Julliard.

En su desarrollo como coreógrafo, Naharin buscaba comunicarse con sus bailarines, lo que le llevó a crear su propio lenguaje del movimiento, que llamó Gaga. Gaga, rico en sensaciones y texturas físicas, sigue evolucionando a través de la exploración constante. «Lo que me gusta es compartir mis descubrimientos, porque invierto tiempo, energía y pensamiento en ello», reflexiona Naharin, refiriéndose a su búsqueda de Gaga y la sabiduría más amplia que ha cosechado dentro y fuera del estudio. «Me siento privilegiado por conocer a gente con tanto talento, con no menos talento que yo, pero que no tuvieron tiempo suficiente para invertirlo en esta búsqueda, y yo no puedo más que brindarles el fruto de esa búsqueda».

Al conocer a Khoza, Naharin reconoció su talento como bailarina, alabando su «pasión, su hambre, su curiosidad, su talento», así como su potencial. Al mismo tiempo, Khoza percibió rápidamente que Naharin tenía mucho que ofrecer y decidió que «lo mejor para mí es abrir la mente completamente a todo, y ser literalmente una esponja».

Tras el largo viaje a Tel Aviv, Khoza necesitaba recorrer la distancia existente entre sus raíces en el ballet y el enfoque poco convencional de Naharin. El coreógrafo dijo de su discípula: «Londiwe tiene de todo, está muy comprometida, tiene talento natural, y aun así su experiencia abrió una brecha entre lo que puede hacer y lo que hace».

Como bailarina, conoces tu cuerpo, pero no tanto como piensas.

Aunque la amplia formación de Khoza en ballet se completó con danza moderna y contemporánea, hip hop y claqué (y clases de canto y de interpretación como complemento), las clases de Gaga suponían un terreno totalmente nuevo. En lugar de ejecutar una serie de ejercicios estructurados basados en movimientos codificados, Khoza aceptó los consejos de Naharin de explorar sus instrucciones en múltiples niveles e improvisar al mismo tiempo. En lugar de esforzarse por dar una forma predeterminada a su cuerpo, buscó escuchar, muy atentamente, sus propias sensaciones. «En ocasiones me sentía como una jirafa recién nacida, todo me parecía nuevo», cuenta.

Naharin la retó a que prestara más atención a la multitud de información que transmitía su cuerpo, incluidos detalles que anteriormente no había percibido. «Como bailarina, conoces tu cuerpo, pero no tanto como piensas», reconoce Khoza. «El 90 % del tiempo te centras en lo que hacen tus piernas y no en lo que ocurre en cualquier otra parte. Aquí tengo que prestar atención a todo. ¡Incluso a las uñas de las manos!»

Mientras trataba de dominar el Gaga, Khoza emprendió otra tarea formidable: incorporar el repertorio de Naharin. Sus actuaciones anteriores incluían papeles en un cuerpo de baile en el canon clásico, así como papeles en la danza contemporánea de coreógrafos cuyo linaje va de Alvin Ailey a Akram Khan, pero el estilo idiosincrático de Naharin le era totalmente desconocido. Trabajando principalmente bajo la atenta mirada de los directores de ensayo del grupo, Khoza empezó en seguida a aprender la Deca Dance, un «collage» fluido que combina fragmentos de las obras maestras del coreógrafo. A continuación abordó el familiar Kamuyot, y después la atrevida Naharin’s Virus, una proeza de 2001 con texto de la obra de Peter Handke, Insultos al público.

  • Aprender los principios del Gaga representó un terreno totalmente nuevo para Londiwe Khoza, que pasó su año con Ohad Naharin en Tel Aviv explorando la improvisación y aprendiendo a tomar conciencia de su cuerpo.

Khoza cuenta que durante sus primeros meses con el grupo, «estaba lo que hacía en clase, y luego el repertorio de aprendizaje, y no conseguía pasar de lo que aprendía en clase a su aplicación en el repertorio».

No obstante, el dominio cada vez mayor de Gaga (al que Naharin se refiere a menudo como un conjunto de herramientas útil no solo para su repertorio sino para otros contextos) hizo que la bailarina pudiera hacerse más fácilmente con la coreografía. Recientemente absorbida por la nueva representación de la obra (esta vez clásica) de Naharin, Mamootot (2003), nos revela: «Siento inmediatamente ese caudal de energía y estoy poniendo en práctica en el repertorio cosas con las que he conectado muchísimo en clase. La brecha cada vez es menor».

Las aportaciones de Naharin y su equipo de confianza durante los ensayos han enriquecido aún más la interpretación de Khoza del repertorio. «Te pasas tres semanas trabajando en algo, y luego [Naharin] viene y te dice algo, y entiendes perfectamente lo que has estado intentando hacer», explica.

Trabajar con Naharin le ha brindado a Khoza una perspectiva alternativa que va mucho más allá de su interpretación de una obra específica. Sin menospreciar su formación y sus experiencias anteriores, considera que se han abierto para ella nuevas avenidas artísticas, como improvisar o trasladar su estado anímico a una obra coreográfica, y bailar desde dentro hacia afuera en lugar de desde fuera hacia adentro.

«Tuve que aprender a venir con una actitud totalmente diferente, y a concederme libertad, sin pensar en cada cuenta y en cada línea de ojos y de brazos. Se trata de darte a ti misma la libertad de no tener que parecer exactamente igual que la persona de al lado. Ahora busco el siguiente paso, ser capaz de liberar mi fantasía y explorarla de verdad sin preocuparme por lo que está bien o mal. Ahí estoy ahora, soy capaz de mezclar la fantasía de las cosas con su parte física, y no solo preocuparme por qué apariencia se supone que tiene que tener».

Naharin ha visto esta transformación en el enfoque de Khoza. «No tiene que ver con un estilo particular o una formación particular», señala con aprobación. «Tiene que ver con el cuerpo, el uso de la gravedad, de la distribución del esfuerzo, la claridad de su estado mental, la sublimación de las emociones y los sentimientos en la claridad del movimiento. Hay algo muy vivo, más brutal y sofisticado al mismo tiempo. Puedo ver que Londiwe se liberó. Aprendió a pensar en el ahora cuando baila. Aprendió a hacer movimientos instintivos. Incluso cuando el baile tiene mucha coreografía, tienen más presencia sus propios movimientos que una frase aprendida que tiene que ejecutar. Se convierte en su propio idioma, en lugar de decir lo que ha dicho otra persona. Pero no es más que el comienzo. Solo ha estado aquí unos meses. Seguirá creciendo durante muchos años».

Khoza puede sentir que se están dando cambios en su cuerpo y su danza, y si bien Naharin y otros han hablado con ella sobre estos cambios, reconoce que las transformaciones serán más evidentes para ella con el paso del tiempo.

Lo mejor para mí es tener la mente completamente abierta a todo, y ser literalmente una esponja.

«Es algo que tendrá un efecto dominó seguramente en el futuro», dice Khoza, señalando que esta experiencia «me está facilitando nuevas herramientas para poder sacar de verdad lo que quiero decir, hacer las cosas como me gustaría hacerlas y no limitarme a lo que pienso que soy o a quien pienso que soy»

Unas palabras que Naharin, quien con frecuencia insta a sus bailarines a ir más allá de sus límites familiares, apreciaría. «Me alegro muchísimo de haber pasado este tiempo juntos», afirma Khoza. «No es común tener una oportunidad como esta en un entorno como este, con alguien así, y poder aprender de él». Con un contrato para la próxima temporada del grupo, Khoza está lista para absorber aún más conocimientos de Naharin en su recorrido artístico.

Deborah Friedes Galili es investigadora de danza y profesora de Gaga. Entre sus obras figura el libro Danza contemporánea en Israel, además de artículos para periódicos, revistas y publicaciones académicas.

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