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HINDOU OUMAROU IBRAHIM

Laureada Premios Rolex a la Iniciativa 2021

Utilizar la sabiduría de los pueblos indígenas para cartografiar recursos y evitar conflictos causados por el cambio climático en Chad

Pocos conocen mejor la realidad del cambio climático como los habitantes de Chad. El lago más grande del país, el cual lleva el nombre de la nación y sustenta a más de 30 millones de personas, se ha casi desvanecido en apenas dos generaciones. Para la activista climática y defensora de los derechos indígenas, Hindou Oumarou Ibrahim, esta tragedia también ofrece una oportunidad para reunir a su pueblo con el fin de resolver su crisis, utilizando el insólito medio de la cartografía.

Hindou Oumarou Ibrahim es una mujer del pueblo nómada Mbororo, cuyos rebaños han pastado en la región alrededor del lago Chad durante milenios. Ahora, ese antiguo patrimonio está en peligro, ya que el calentamiento del planeta hace que desaparezcan las fuentes de agua, se marchiten los pastos y se multipliquen los conflictos entre agricultores y ganaderos por la disminución de los recursos. «Estamos en primera línea del cambio climático»», afirma. «Cuando cambia la estación, cambia nuestra vida diaria».

Como mediadora comprometida, buscó maneras de unir a la comunidad dividida para enfrentarse al peligro común y servir a las necesidades comunes, y encontró la respuesta en la cartografía participativa. Los mapas pueden ser endebles, pero a menudo han sido la causa de las guerras: La motivación de Ibrahim es convertirlos en herramientas de paz, atrayendo a los pueblos enfrentados alrededor de ellos para planificar un futuro más seguro y más próspero juntos.

Todos dependemos de la naturaleza. Interactuamos con el medio ambiente. Es por eso que creo que no puedo proteger los derechos humanos sin proteger el medio ambiente.

Hindou Oumarou Ibrahim

Cuando la madre de Ibrahim era joven, el lago Chad se extendía a lo largo de 25 000 km² de región semiárida en el norte de Chad. Actualmente, ante el impacto de un clima cada vez más hostil, se ha reducido a 1200 km², menos del 5 % de su superficie anterior. Los agricultores, pescadores y ganadores que dependen de él están desesperados.

Para poner a prueba su idea, Ibrahim dirigió un pequeño proyecto en Baïbokoum, en el suroeste de Chad, y demostró que la cartografía era un método valioso, ampliable y verosímil para reducir las tensiones entre las comunidades y ayudar a las autoridades locales a gestionar los recursos de una forma más sabia. Reunió a 500 pastores indígenas para cartografiar los recursos naturales de su región: los hombres documentaron crestas y mesetas, ríos y lugares sagrados, mientras que las mujeres localizaron los manantiales. Su consejo fue adoptado por el gobierno nacional.

Como mujer líder en una sociedad en su mayoría patriarcal, Ibrahim tuvo que luchar mucho para que se aceptasen sus ideas. La base de su éxito fue su perspectiva de que los pueblos indígenas son los que mejor conocen, entienden y se preocupan por su entorno, y deben ser los primeros en ser consultados sobre sus necesidades. El conocimiento tradiccional, combinado con los métodos científicos de cartografía 2D y 3D, pueden construir un futuro más seguro para todos, opina Ibrahim. «Las generaciones más jóvenes, las mujeres y los hombres, todos se han unido para construir el mapa, cartografiar el conocimiento, los recursos y ver mejor cómo pueden compartirlos».

«La gente tiene que comprender que no podemos hablar sobre los derechos humanos sin hablar de los derechos medioambientales. Todos dependemos de la naturaleza. Interactuamos con el medio ambiente. Es por eso que creo que no puedo proteger los derechos humanos sin a la vez proteger el medio ambiente».

El compromiso de Ibrahim con la sociedad indígena, la adaptación al cambio climático y las soluciones colaborativas le han valido el reconocimiento internacional.

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