Un bosque en extinción renace

Laury Cullen hijo

Al trabajar con familias dedicadas a la agricultura, Laury Cullen hijo está restaurando la Selva Atlántica brasileña a la vez que contribuye a la economía local y ayuda a luchar contra el cambio climático.

Los corredores de nueva esperanza se mueven como delicados zarcillos verdes a través del abierto paisaje agrícola de Pontal, Brasil. Los angostos pasajes forestales, donde merodean ocelotes, pumas y tapires, se enlazan en una cadena de renovación: la vida salvaje en peligro de extinción, un bosque destruido casi por completo y los agricultores pobres de la región y sus familias.

Cuando el ingeniero forestal Laury Cullen hijo se mudó por primera vez a Pontal do Paranapanema —en el estado de São Paulo— en la década de los noventa para estudiar una especie amenazada de mono, el tití león negro, más del 80 % de la antiguamente inmensa Mata Atlántica, la vasta Selva Atlántica de Brasil, había desaparecido. Debido a la tala de árboles y al desbrozo con fines agrícolas, la desaparición de estas tierras supone un coste devastador para muchos animales y plantas endémicos, la mayoría de los cuales no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

«Cuando llegamos por primera vez a la región de Pontal, y vimos el paisaje vía satélite, nos dimos cuenta de que la mayor parte de la vida salvaje existente tenía cero posibilidades de supervivencia a largo plazo», recuerda Cullen. «Es un paisaje sumamente fragmentado, y los fragmentos de la Selva Atlántica están muy aislados de los parques que quedan».

Tres décadas después, el avance del progreso humano ha dado un giro esperanzador. Corredores e islas de bosques brotan rápidamente de nuevo, gracias a las cuidadosas manos de las familias agricultoras que hoy se ganan mejor la vida a partir de los árboles mezclados, la vida salvaje, el ganado lechero y las cosechas —como el café, el maíz y la yuca— de lo que eran capaz con la agricultura únicamente.

Pontal es «un lugar muy especial», afirma Cullen. Es un bosque semicaducifolio que conecta la sabana árida del Cerrado y el bosque pluvial de la Mata Atlántica occidental, convirtiéndolo en un manantial de biodiversidad. «Tienes, por ejemplo, el aguará guazú, que es endémico del Cerrado, y tienes los titíes león negro, que son específicos del bosque pluvial. Al mismo tiempo, tienes especies como jaguares, pumas y ocelotes, pájaros, murciélagos y anfibios. Se trata verdaderamente de un foco de adaptación, creado por esta combinación de dos ecosistemas, la Selva Atlántica y el Cerrado».

En la actualidad, la vida salvaje en peligro comparte el paisaje con una población humana considerable, reubicada en la región en un plan de reasentamiento. Ellos, de muchas maneras, son la clave para su supervivencia, piensa Cullen.

El “Dream Map” se basa en intentar rescatar o recuperar la historia del paisaje pero también en recordar que tenemos 6000 familias establecidas en su área.Laury Cullen hijo

Para inspirar a los agricultores, inventó el «Dream Map», un plan elaborado científicamente para restaurar 60 000 hectáreas de bosque en extinción junto con sus animales, conectando los fragmentos aislados del antiguo bosque para que la vida salvaje pueda moverse entre ellos.

«El “Dream Map” se basa en intentar rescatar o recuperar la historia del paisaje pero también en recordar que tenemos 6000 familias establecidas en su área. Así que tenemos a las personas, al bosque, al paisaje y a las especies. Tenemos que combinar todos estos en la misma ecuación para la conservación», explica.

El Premio Rolex a la Iniciativa que Cullen recibió en 2004 le permitió involucrar a la población local sin tierras en el trabajo de reforestación y establecer el primero de doce viveros comunitarios de árboles —muchos gestionados por mujeres— que producen las plántulas de más de 100 tipos de especies arbóreas autóctonas. Para reducir la presión en la tierra, el programa también busca formas innovadoras de aumentar los ingresos de los agricultores para que no se vean forzados a desbrozarla.

Cada árbol que plantamos ha sido producido por la gente del lugar en los viveros comunitarios.Laury Cullen hijo

«Cada árbol que plantamos ha sido producido por la gente del lugar en los viveros comunitarios», afirma Cullen. «Ellos se encargan de plantarlos y de monitorizar todo, es una excelente oportunidad para proporcionar empleos y seguridad alimentaria a la pobreza rural. Se ven más alegres, tienen un brillo en los ojos, están disfrutando de una mejor calidad de vida —y esto tiene que ver con la seguridad alimentaria. Existe una gran sensación de gratitud, orgullo y realización del éxito».

Enfatiza que sin el compromiso de la población local, su programa no existiría. «No podríamos salvar este último bosque que queda si las personas no fueran un elemento fundamental de la conservación a largo plazo y del enfoque de la conservación comunitaria». A este respecto especialmente, su visión difiere del concepto tradicional donde se excluye la agricultura de los parques nacionales y reservas naturales. Aquí está completamente integrada en la restauración.

«Creo que está relacionado con el orgullo y la confianza. La confianza es el pegamento que mantiene la relación entre nosotros y la gente del lugar. Cuando hay confianza, la comunicación es sencilla, rápida y facilita la vida».

Desde que empezó, el «Dream Map» de Cullen ha guiado la restauración de 2000 hectáreas de bosque y la plantación de cuatro millones de árboles, además de generar 2 millones de dólares para la economía local. A diferencia de otras regiones donde persiste el desbrozo de tierras, esta extensión de renovación también está ayudando al mundo a luchar contra el cambio climático almacenando 800 000 toneladas de carbono cada año.

El «Dream Map» representa muchos de los ideales en los que se inspira la iniciativa Perpetual Planet de Rolex. Se atreve a adentrarse en nuevos campos de restauración de paisajes, preservando el pasado a la vez que ayuda a construir el futuro de las comunidades afectadas, descubriendo constantemente formas de perpetuar nuestro planeta.

Un cuarto de siglo de experiencia práctica ha convencido a Cullen de que su modelo puede seguirse en cualquier lugar del mundo para ayudar a reverdecer nuestro planeta.

PUBLICADO EN 2004

RECUPERAR EL BOSQUE VERDE ESMERALDA

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