Robert Lepage y Matías UmpierrezHombres de muchas facetas

Fecha de publicación: 2018clockTiempo de lectura: 2m35s
scroll-down

Robert Lepage y su discípulo Matías Umpierrez, almas gemelas que rechazan ser encasilladas, adoptan características de diferentes disciplinas para crear producciones eclécticas y rebeldes.

por Robert Cushman Enero de 2018
  • Robert Lepage
  • Matías Umpierrez

Fue durante una obra de kabuki en Tokio cuando Robert Lepage supo que se había unido a su alma gemela. El importante artista de teatro canadiense se había inspirado en el tradicional teatro bailado japonés 35 años antes, cuando la compañía Grand Kabuki interpretó The Fox en Montreal. «Supe que allí había algo para mí», recuerda.

Durante la gira de su última producción en Japón, Lepage llevó a su discípulo Matías Umpierrez a ver la misma obra, y se alegró al ver que el actor que interpretaba el rol protagonista era el sobrino del hombre que había visto desempeñando el mismo papel años atrás.

El sobrecogedor sentido de la tradición, del arte transmitido de generación en generación también conmovió a Umpierrez, a quien le resultó inspirador el sentimiento de continuidad. «Sentí que todo lo que ocurría en el escenario había tenido lugar durante posiblemente miles de años.

«No me importa si haces teatro tradicional o si haces lo que quieras, pero lo más importante es que ocurra en el momento presente», añade.

Su tiempo en Japón marcó el desarrollo de un año de mentoría beneficioso para ambos a través de la Iniciativa Artística Rolex, que no es tanto una enseñanza vertical, sino un intercambio de filosofías y enfoques entre los artistas de teatro comprometidos con ampliar las fronteras del medio.

Los talentos de Lepage son variados y sus logros, extensos: dramaturgo, director, actor, productor y diseñador. Tiene 59 años y nació en Quebec, que ha sido su lugar de trabajo durante toda su carrera. Además de llevar sus creaciones nacionales por todo el mundo, también es muy solicitado internacionalmente como director de producciones de otras compañías. Ha dirigido películas y, en especial, ópera, incluyendo una polémica versión de El anillo del nibelungo, para la Ópera Metropolitana de Nueva York.

Pero su reputación se basa en piezas de teatro que ha creado para su compañía Ex Machina. Varían considerablemente en estilo y forma. Algunas son importantes dramas políticos y metafísicos, como The Seven Streams of the River Ota (1995), que dura siete horas y cuyos escenarios se alejan increíblemente en el tiempo y el espacio, al mismo tiempo que narran una historia coherente.

En el otro extremo se encuentran sus piezas en solitario, como la última, 887, que presentó el año pasado —con la presencia de Umpierrez— en ciudades como Tokio y Londres. En esta pieza rememora su infancia; el título hace referencia a la dirección de su familia en Quebec. Es un intérprete encantador, divertido y enérgico fundamentalmente (en ese sentido, es un monólogo), así como un prestigioso director, que crea patrones fluidos de imagen y sonido. Las proyecciones son una práctica habitual, pero en 887 es imposible saber cuándo se detiene la acción en vivo y cuándo empieza el vídeo.

Esta falta de claridad fue lo que le atrajo de la obra de Umpierrez cuando el joven presentó su porfolio. «Mi trabajo es multidisciplinar», afirma Lepage. «Me inspiro principalmente en el teatro, pero siempre estoy pensando en qué puedo adoptar de la ópera, el circo, etc. Vi que Matías estaba comprometido de la misma manera, pero con una sensibilidad más moderna que otros candidatos [para la mentoría]».

El compromiso de Umpierrez con la multimedia se remonta a sus primeros años. «Desde que era niño», comenta, «he estado influenciado por la cerámica y la escultura [su padre es escayolista], la pintura y las artes escénicas».

Posteriormente, su versatilidad se complementó por necesidad. Empezó su carrera «en uno de los peores momentos económicos de Argentina. Apenas había dinero en el país y las grandes instituciones artísticas estaban casi en la quiebra. El teatro se convirtió en el lugar donde podía hacer todo lo que quería sin preocuparme por el dinero».

Trabajó en teatros de todo el país desempeñando distintos cargos. «Para los artistas, me convertí en diseñador gráfico, utilero, actor. De esta manera, mi propósito consistió en hacerme interdisciplinar».

Mi trabajo siempre ha tenido un reflejo del teatro, pero no es teatro.

Algunos de los artistas para los que trabajó eran gente de teatro, otros no. «[Pero] sigo pensando que el teatro es el lugar en el que emprendo mi viaje. Mi trabajo siempre ha tenido un reflejo del teatro, pero no es teatro». No parece teatro pero», añade con un aire dubitativo encantador, «puede que lo sea».

A pesar de sus componentes eclécticos, las producciones de Lepage son convencionalmente teatrales en cuanto a que se representan en escenarios, en teatros, ante un público sentado en filas. En cambio, las de Umpierrez se describen mejor como instalaciones artísticas. Por ejemplo, «Distancia» se interpreta ante una audiencia teatral y con una orquesta en vivo. Sin embargo, los actores están en otra parte, en diferentes lugares. En realidad, sus contribuciones se emiten en directo. «Y todas las transmisiones y conexiones entre todas esas plataformas diferentes están sucediendo al mismo tiempo ante el público».

También existe TeatroSOLO, interpretado por un actor ante otra persona, que actúa como espectador y colaborador. Pero desde que el espectáculo se ha representado en todo el mundo, desde Buenos Aires y São Paulo, hasta Madrid y Nueva York, con cinco actuaciones simultáneas en distintos lugares de cada ciudad —el público ha aumentado de forma exponencial. «Expone al público», comenta Umpierrez, «a una experiencia teatral ancestral —la tradición oral». En Nueva York, un actor empezó a hablar de forma íntima con un espectador voluntario en la vía; la interacción continuó cuando se subieron al metro y terminó después de que se bajaran.

Umpierrez afirma de él y de Lepage que: ««Ambos formamos parte de una generación de artistas que no se define con una sola disciplina —No me consta que esa generación exista pero me gusta pensar que formo parte de ella», añade con una carcajada.

Pero, obviamente, pertenecen a distintas generaciones, como Lepage bien sabe. «Eso es lo más emocionante de este programa de mentoría. Cuando se es un artista consumado, uno se mezcla con otros artistas consumados, y piensa que ya lo ha visto todo, hasta que de repente aparece alguien como Matías. Trabaja con las redes sociales, tiene su propio concepto de cómo debería ser el teatro, qué instalaciones y eventos creativos debe haber. Al mismo tiempo uno siente envidia. Me está poniendo al día en las nuevas tendencias». Por lo tanto, su relación ha sido más bien un intercambio espontáneo que una enseñanza formal. Como se ha señalado a menudo, la mentoría puede ser una vía de doble sentido.

Después de ese primer reencuentro en Japón, Lepage y Umpierrez se volvieron a reunir en noviembre de 2016 cuando Lepage estaba dirigiendo de nuevo en el Met. Durante la residencia de Lepage en Nueva York, Umpierrez asistía a reuniones y ensayos, observando, aprendiendo, haciendo preguntas y presentando sus propias sugerencias. Estaba allí para asimilar todo, en palabras cariñosas de Lepage, como una «esponja». «Matías se acercaba a mí en las pausas de café y decía “¿así es como trabajan los cantantes?” Y, por supuesto, tenía su propia opinión. Revitaliza mi vista y mi oído contar con alguien tan apasionado como yo con respecto a esto, pero que proviene de una generación y un entorno completamente distintos».

Ambos formamos parte de una generación de artistas que no se define con una sola disciplina.

En 2018, ambos estarán montando sus propias producciones de clásicos tradicionales. Umpierrez se enfrenta a la desafiante tarea de dirigir una obra maestra rusa, La gaviota de Chéjov, en Rusia con actores locales. Lepage está presentando su tan esperado estreno en el Stratford Shakespeare Festival de Canadá con una producción de Coriolanus. Antes del estreno, fue con Umpierrez a ver la misma obra en Nueva York. Lepage «no estaba demasiado interesado en la producción», pero estaba «impresionado con las actuaciones». Umpierrez no lo estaba. «Puede que sea una cuestión generacional», añade Lepage. «Cuando tienes 50 sabes mucho más, tienes dudas. Él es más afirmativo».

El mentor y el discípulo tienen en común ser expertos en multitarea, en una obra determinada y en la manera en la que organizan sus carreras. A Umpierrez esto le pareció alentador: «Algo que me parece fascinante es la manera en la que Robert concibe sus ensayos y produce sus proyectos. Normalmente son colaboraciones mundiales con personas de todo el mundo. Es capaz de trabajar profesional y artísticamente y de colaborar con una gran variedad de proyectos al mismo tiempo. Refuerza mi propia idea de que puedo trabajar en varias cosas (algunas me llevan un par de meses, otras años), pero todas se desarrollan al mismo tiempo».

Lepage está de acuerdo: «En nuestras primeras semanas manteníamos conversaciones, él tenía que marcharse y asistir a esta obra en Buenos Aires. Creo que hay muchos compartimentos en mi cabeza trabajando al mismo tiempo».

Y ambos son viajeros incansables. Actualmente, Umpierrez vive en Madrid, pero tiene proyectos en varias ciudades del mundo. Mundial es una palabra que utiliza mucho.

Aunque pueda sorprender, no cree en la improvisación; sus actores no pueden decir más que lo indicado para ellos, como diría Hamlet. En cambio, Lepage defiende que los actores son «excelentes narradores. Se me ocurre la idea principal y la situación, y ellos se encargan de escribirlo. Saben lo que hay que hacer y cómo decirlo, y dejo la edición real para el momento en el que el espectáculo se estrene o se vaya a publicar».

«En cuanto a esto», afirma Umpierrez, «tenemos diferentes puntos de vista. Pero creo que el de Robert es completamente natural y fantástico, ya que funciona muy bien. Y puede que yo cambie en el futuro. Estoy abierto a eso». Y de eso trata este programa de mentoría.

Robert Cushman ha sido crítico de teatro del «National Post» (Canadá) desde 1998, y fue crítico de teatro del Observer (Reino Unido) de 1973 a 1984. También ejerce como presentador e intérprete.

Programa

Mentor y Discípulo Rolex

Descubrir

Compartir esta página