Una innovadora torre en Dallas

Fecha de publicación: septiembre 2017icon-clockTiempo de lectura: 1m25s
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Estética, innovación y calidad excepcional forman parte del ADN de Rolex. Esta filosofía se hace extensiva a los edificios que la marca manda construir por todo el mundo. Por ejemplo, en Dallas, una torre helicoidal firmada por el arquitecto japonés Kengo Kuma, que parece brotar del suelo.

por Jay Merrick

En Dallas (Texas), el famoso arquitecto japonés Kengo Kuma ha diseñado para Rolex un edificio administrativo que se ha convertido en una referencia arquitectónica. Encargado, entre otras cosas, de la realización del nuevo Estadio Nacional de Tokio —pieza central de los Juegos Olímpicos de 2020—, se ha forjado una reputación internacional fundiendo con gran originalidad sus obras, el marco que las rodea y la naturaleza.

La torre está situada en Harwood District, en las proximidades del antiguo edificio de Rolex que fue, en 1984, el primer edificio administrativo erigido en el barrio de Uptown. «La idea principal era fundir el edificio con su entorno», explica Kengo Kuma. «En general, los edificios administrativos son independientes, están separados de lo que los rodea. Por eso quise tomar los elementos exteriores como punto de partida y crear un vínculo entre el edificio y el suelo por medio de un muro bajo de piedra inspirado en los castillos japoneses. En cuanto a la forma helicoidal, dinamiza el conjunto evocando un movimiento continuo de abajo hacia arriba, del suelo a la cumbre de la torre».

El edificio gira sobre sí mismo a medida que toma altura; el efecto visual buscado es romper la estructura ortogonal de Dallas. Desde el interior de la torre se descubre una vista de la ciudad en un ángulo inédito, especialmente desde las plantas más elevadas. En lugar de tener una visión frontal de los inmuebles aledaños, se divisan de costado, lo que ofrece una perspectiva más amplia sobre los cruces y la aglomeración que se extiende a lo lejos. Y al pasar por delante de la torre, conductores y peatones viven una experiencia no menos inédita al tomar conciencia de la singularidad del edificio en una ciudad de calles paralelas y perpendiculares.

KENGO KUMA, arquitecto japonés

Rolex siempre ha hecho hincapié en la innovación, ya sea relojera o arquitectónica, y la torre de Dallas no es una excepción a la regla. Kengo Kuma es precisamente conocido por su enfoque audaz, además de vanguardista en términos medioambientales. Su primera obra, erigida en Izu en 1988, era una pequeña sauna de formas irregulares construida con metal, bambú y cemento.



Desde entonces, el arquitecto nipón ha desarrollado un estilo único que consiste en explotar la luz natural y los espacios, y en replantear las superficies con sutileza. Su credo: «disolución y desintegración». Las obras de Kengo Kuma han sido presentadas en cinco ediciones de la Exposición Internacional de Arquitectura – La Biennale di Venezia. Sus realizaciones son muy diferentes unas de otras. Por ejemplo, en Tokio, el Centro Cultural y Turístico de Asakusa, que sugiere una superposición de ocho tipos de casas diferentes; el Daiwa Ubiquitous Computing Research Building, cuyas tejas de cedro caladas lo visten de un plumaje boscoso; y la Plastic House, cuyos muros formados por placas de 4 mm de grosor, de plástico reforzado con fibras, recuerdan al papel de arroz o al bambú. Sin olvidar el Suntory Museum of Art, con sus persianas verticales de cerámica inspiradas en las ventanas tradicionales Muso-Koshi.

Con su delicado diseño, el interior del edificio recoge el concepto por estratos del exterior.

La arquitectura tradicional nipona también ha servido de base —tanto en sentido literal como figurado— para la concepción del nuevo edificio de Rolex en Dallas, futuro centro de servicio y venta. Un muro bajo de piedra rodea la base del inmueble, haciendo referencia a los muros ishigaki que protegían los castillos japoneses durante la época de Edo. En Dallas, sin embargo, este muro sirve para conectar la torre con la ciudad, más que para protegerla. Sobre esta base elevada situada en la esquina que forman Harry Hines Boulevard y Moody Street se alzan las siete plantas del inmueble, cada una de ellas ligeramente desplazada con respecto a las demás, como si fuese una baraja de naipes girando sobre sí misma.

Kengo Kuma tiene como filosofía integrar la naturaleza en sus construcciones. Por ello no es sorprendente que Rolex, preocupada por la protección del medioambiente, haya acogido con entusiasmo su idea de crear un entorno verde en el centro de Dallas. Así, las plantas cubren las terrazas en voladizo, mientras que unos jardines en la cima del edificio adornan un espacio en dos alturas dedicado a los eventos. En cuanto al cinturón verde que rodea el edificio, es obra de Sadafumi Uchiyama, representante de la tercera generación de una familia de arquitectos-paisajistas, que ha dado vida al conjunto con pequeños estanques y cascadas.

A Kengo Kuma le gusta multiplicar las referencias a la arquitectura tradicional japonesa. La difuminación de los límites entre el exterior y el interior es, por tanto, una marca de la casa del arquitecto, que pone un constante empeño en enriquecer sus construcciones con espacios intermedios entre dentro y fuera. Similares a pasillos, estos espacios se denominan engawa en japonés. «Integrar en su hogar un espacio intermedio es una importante tradición en Japón. Su función es ambigua, pero sea cual sea, ofrece una respuesta adecuada al calor asfixiante que asola a Dallas en verano», explica el arquitecto.

En la torre Rolex, la desmaterialización de las formas y las superficies refleja el dominio de Kengo Kuma en su campo. Las diferentes plantas se protegen desde el exterior mediante un conjunto de tres parasoles. «Con el fin de ofrecer una impresión de ligereza, hemos diseñado parasoles formados por láminas de aluminio cuya superficie inferior presenta la apariencia de madera. Las láminas son muy finas, lo más finas posible, lo cual es característico de nuestro estilo de construcción. Los parasoles tienen una profundidad total de 40 cm para absorber la luz natural, de gran intensidad en Dallas. De igual modo, la vegetación de los balcones filtra los rayos del sol», concluye.

En el interior del edificio, sin duda uno de los más originales de la ciudad, la utilización de la madera no deja indiferente a ningún visitante. Las paredes y el techo de la sala de conferencias están revestidos con paneles de madera en relieve, mientras que en la sala de descanso el techo está recubierto de listones superpuestos. Las paredes de la recepción, en la planta baja —donde encontramos objetos que pertenecieron a guerreros japoneses de la época de Edo— están formadas por paneles de madera espaciados entre sí. «Estos intersticios acentúan el efecto de ligereza», explica Kengo Kuma. «Es muy importante, porque queríamos evitar que el conjunto pareciese demasiado imponente». Así, el interior del edificio retoma de alguna manera el concepto de capas del exterior. Espacios, formas, superficies y naturaleza se entremezclan con sensualidad, un arte que Kengo Kuma domina como nadie.

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