Una colaboración que hará avanzar la exploración

Fecha de publicación: diciembre 2017clockTiempo de lectura: 3m40s
scroll-down

Juntos, Rolex y National Geographic se comprometen a inspirar y ayudar a las nuevas generaciones de exploradores.

Dos de los hitos históricos más importantes del siglo XX fueron la llegada a la cima del monte Everest, por Edmund Hillary y Tenzing Norgay (arriba, de izquierda a derecha), aquí durante su ascenso; y el descubrimiento del Polo Norte.

FOTOGRAFÍA DE ALFRED GREGORY, ROYAL GEOGRAPHICAL SOCIETY (CON IBG)

«¡Al fin el Polo!» Esta nota de Robert Peary en su diario anunciaba el descubrimiento del Polo Norte, por parte de su equipo, en una expedición de 1909 patrocinada por la National Geographic Society.

El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay pasaron a ser los primeros alpinistas en alcanzar la cima del Everest, como parte de un grupo de expedición patrocinado y equipado por Rolex.

Juntos, National Geographic y Rolex cuentan con más de 200 años de experiencia apoyando las expediciones y a los exploradores. Actualmente, construyen un legado mediante una colaboración única.

Como ya hicieron en el siglo XX, Rolex y National Geographic seguirán apoyando a pioneros que exploran los reinos desconocidos del planeta. Esta vez, la colaboración emprenderá un misión más ambiciosa. Además de explorar las maravillas de la Tierra, se esforzará por aumentar el conocimiento científico de las personas sobre estas maravillas e impulsar su compromiso para protegerlas.

Los socios respaldarán los esfuerzos por la conservación y exploración en torno a tres áreas críticas: Los océanos, los polos y las montañas. En cada área Rolex y National Geographic:

Propiciarán y participarán en expediciones lideradas por científicos y escritores;

Financiarán investigaciones que puedan resultar en descubrimientos científicos, nuevas tecnologías y soluciones innovadoras;

Convocarán cumbres y actividades que informen y eduquen al público.

El trabajo en los océanos ya se está llevando a cabo. En nationalgeographic.com, publicamos nuevo contenido basado en esta colaboración que incluye imágenes, artículos, gráficos y material de referencia sobre los océanos. En la página web, aparecerá regularmente nuevo material que se compartirá, además, en redes sociales. Con el tiempo, probablemente se incluirán vídeos y experiencias de realidad virtual, programas de televisión, películas, y más.

Ambos colaboradores han forjado alianzas con personalidades destacadas del mundo de la exploración oceánica. Entre ellos: la oceanógrafa Sylvia Earle, que trabaja con Rolex desde 1970; el oceanógrafo Don Walsh, que alcanzó en 1960 la parte más profunda del océano en batiscafo; el director James Cameron, que pilotó un sumergible de una plaza hacia las mismas profundidades históricas, y el fotógrafo submarino Brian Skerry, el explorador del año de Rolex National Geographic de 2017.

Juntos, Rolex y National Geographic se comprometen a inspirar y ayudar a las nuevas generaciones de exploradores. Los hombres y mujeres que aparecen a continuación representan la pasión y la ambición, elementos esenciales de esta colaboración. Es un placer para nosotros compartir sus historias. —Los editores

20 000 leguas de viaje marino

Frente a las costas de Groenlandia, Ghislain Bardout juega con su hijo Robin y su perro, Kayak, sobre la banquisa.

FOTOGRAFÍA DE: LUCAS SANTUCCI, UTP/ZEPPELIN

El matrimonio formado por Ghislain Bardout y Emmanuelle Périé-Bardout ha explorado lo que se oculta bajo el manto de hielo ártico con apoyo de Rolex. Ahora están embarcados en una misión de tres años en la que recorrerán el planeta desde el Ártico hasta la Antártida. A lo largo de los 80 000 kilómetros que abarcará su viaje, bucearán en algunas de las aguas más remotas de la Tierra hasta profundidades raramente alcanzadas por el ser humano.

La pareja de exploradores planea estudiar los ecosistemas de la zona mesopelágica, un nivel de profundidad del océano donde apenas llega la luz solar. También pretenden construir una «cápsula» submarina que permitiría a los buzos permanecer varios días sumergidos.

Este año, su última parada ha sido Alaska, donde se han instalado para el invierno; en marzo pondrán rumbo a Polinesia. Al largo paseo se unen sus hijos, de cinco y un año.

Una cruzada por los tiburones en peligro

Las islas Cook están muy lejos del centro de análisis toxicológico de San Diego donde trabajaba Jessica Cramp, quien deseando dar un uso más práctico a lo que había estudiado, cambió su trabajo convencional por una vida dedicada a la protección de los tiburones.

Fan de Jacques Cousteau desde su infancia, se mudó a Rarotonga, en las islas Cook, en el Pacífico Sur, donde logró a base de movilizaciones que el comercio de tiburones se prohibiese en todo el archipiélago y contribuyó al establecimiento de un santuario de escualos de casi dos millones de kilómetros cuadrados.

Desde entonces Cramp ha fundado Shark Pacific, una organización para el estudio, la protección y la divulgación de los tiburones. Desde su ordenador, monitoriza vía satélite los desplazamientos y migraciones de estos animales y estudia cuál es la mejor manera de protegerlos. «Me interesa hallar el equilibrio perfecto entre tiburones, peces y humanos. Las personas también somos parte del ecosistema», dice. Mediante estas conexiones, planea «popularizar los océanos».

Secretos de los gigantes del mar

Brad Norman estudia un tiburón ballena en el Parque Marino de Ningaloo, en Australia. Estos peces llegan a medir 18 metros de largo.

FOTOGRAFÍA DE KURT AMSLER, PREMIOS ROLEX A LA INICIATIVA

El tiburón ballena es uno de los animales más misteriosos del océano, y el biólogo marino Brad Norman lleva casi 25 años desentrañando sus secretos.

Cada individuo lleva en la piel unos dibujos parecidos a constelaciones que son tan únicos e irrepetibles como nuestras huellas dactilares. Con esta característica en mente, Norman ayudó a un equipo de expertos a reconvertir un algoritmo astronómico en una herramienta que escanea fotos e identifica individuos, algo básico en la monitorización y conservación a gran escala.

También ha reclutado un ejército de aficionados a la ciencia, niños incluidos. Inspirar a los demás «para que contribuyan a salvar el pez más grande del océano y su ecosistema es a la vez una fuente de satisfacción y un privilegio», afirma el biólogo.

Norman, Premio Rolex a la Iniciativa, luchó para que el tiburón ballena entrase en la lista de especies amenazadas. Ahora trata de resolver uno de los mayores misterios de sus movimientos: «Trabajamos en un ambicioso proyecto para desvelar sus áreas de cría». Estén atentos.

Empatía con los animales

El biólogo marino David Gruber bucea en las aguas de la isla Pequeño Caimán, en el Caribe.

FOTOGRAFÍA DE JIM HELLEMN

«Intento ver el océano con los ojos de sus habitantes», dice el biólogo marino David Gruber. Esta actitud de curiosidad llevó a este Explorador Emergente de National Geographic a fabricar una cámara submarina que simula la visión de una tortuga. Gruber y su equipo comenzaron a trabajar en la cámara en 2015, tras su revolucionario descubrimiento de una tortuga carey bioluminiscente en las islas Salomón.

También ayudó a crear otro artilugio que él describe como «una mano robótica blanda». Fabricada casi por completo con caucho de silicona y dotada de «dedos» prensiles y flexibles, el invento le permite recoger y estudiar muestras de coral marino sin dañarlas. Ahora se propone diseñar otros robots blandos para profundizar en el estudio de las medusas.

En los próximos meses los visitantes de la exposición «National Geographic Ocean Odyssey», que abrirá sus puertas en Nueva York, podrán conocer su trabajo más reciente: un estudio sobre los peces ojo de linterna del Pacífico y cómo se comunican entre sí. Todo forma parte de una visión más amplia de «exploración que genera empatía», dice.

Democratizar la oceanografía

Shah Selbe (a la izquierda) y el ayudante Aaron Grimes cartografían el litoral californiano con cámaras acopladas a un globo aerostático.

FOTOGRAFÍA DE SHAH SELBE

«Es el momento más emocionante de la historia de las tecnologías de la conservación», afirma Shah Selbe. El año pasado este exingeniero aeroespacial fundó Conservify, un laboratorio para el desarrollo de tecnologías de código abierto —datos de satélite, sensores, drones, aplicaciones móviles— al servicio de los científicos aficionados.

La empresa crea localizadores GPS de bajo coste que pueden ocultarse entre las aletas de tiburón para así seguir los pasos de su compraventa ilegal. Otro proyecto en cartera: desarrollar un sistema a larga distancia que utilice drones para monitorizar áreas marinas protegidas.

El laboratorio acaba de presentar un dron que, según explica Selbe, capta «una imagen acústica en tiempo real de la zona circundante, como haría un murciélago, y es capaz de volar en espacios angostos, como cuevas». No es física cuántica, pero impresiona bastante.

Escuchar las profundidades

Michel André supervisa desde España un proyecto que monitoriza el ruido oceánico. A partir de sus datos pueden tomarse decisiones orientadas a reducir el impacto acústico sobre la fauna marina.

FOTOGRAFÍA DE JOSEP MARIA ROVIROSA

El océano no es tan silencioso como pudiera parecer. A los ruidos naturales de los seres vivos, las tormentas y los terremotos se suman los generados por miles de embarcaciones y operaciones de perforación y dragado submarino. Para animales como ballenas o delfines que se orientan con el sonido, estas cacofonías merman sus capacidades y pueden causar efectos fisiológicos permanentes.

El experto en bioacústica Michel André, galardonado por Rolex, estudia los sonidos de los océanos en rutas de navegación, puertos transitados y zonas remotas. «Sabemos desde hace décadas que el ruido artificial generado por la actividad humana tiene efectos sobre toda la cadena alimentaria», dice.

El objetivo de André no es eliminar esos ruidos, sino hallar modos de minimizar sus daños. Su equipo ha desarrollado un sistema llamado LIDO que recoge datos acústicos en 22 observatorios submarinos y los compara con patrones migratorios. Conocer la ubicación de los animales permite a los barcos alterar el rumbo para no perjudicarlos.

Viajar a las profundidades de los fiordos chilenos

El cultivo de peces y la contaminación suponen una amenaza para las especies animales y vegetales que viven las áreas marinas de la Patagonia chilena.

FOTOGRAFÍA DE VRENI HÄUSSERMANN

La Patagonia chilena, con sus montañas, islas y fiordos, es uno de los lugares más salvajes del mundo. Pero la resistente región está sufriendo una transformación aterradora, según la bióloga Vreni Häussermann que comenzó a estudiar su vida marina en 1997.

En los fiordos de Chile, los bancos de coral están muriendo, las aguas sucias por los barcos y la basura, y los peces son criados en masa. La contaminación es tan alta que está provocando muertes en masa: En 2015 Häussermann y sus compañeros encontraron 337 ballenas muertas.

Häussermann espera que documentar la vida marina de los fiordos ayudará a salvarlos. En un principio, la Laureada Rolex se sumergió unos 30 metros, pero ahora está preparando una inmersión de 487 metros bajo la superficie de los fiordos con la ayuda de un submarino operado a distancia. Durante el proyecto se cargarán videos y fotos en Google Earth y Youtube para «mostrar la belleza de la Patagonia de Chile al público chileno y a los responsables de la toma de decisiones», dice Häussermann.

Espera que las imágenes impulsen los esfuerzos por declarar la región como un área protegida antes de que sea demasiado tarde para revertir el daño. Pero primero, dice, es necesario que se limite el acceso a los fiordos «porque no sabemos cómo utilizar la región de forma sostenible».

Nadando con el pez luna

«Cuando te dedicas a tu pasión, no parece un trabajo», dice Tierney Thys, posando junto a un pez luna gigante en las aguas frente a San Diego.

FOTOGRAFÍA DE MIKE JOHNSON

A Thierney Thys, que pasó su infancia en California, le apasiona el océano desde que era pequeña. Actualmente, la bióloga marina suele pasar sus días en las costas de las Galápagos, estudiando al gigante de los océanos, el pez luna, como parte de los intentos por salvar la megafauna de la región.

Sus exploraciones submarinas han puesto al descubierto una bahía en la que el pez luna ha establecido su «residencia anual» y una «estación de limpieza» a unos 80 metros de profundidad donde peces más pequeños desparasitan a los gigantes.

Entre los muchos otros proyectos, Thys está formando a científicas ecuatorianas en biotelemetría acuática —el uso de aparatos ultrasónicos para detectar y grabar los movimientos de animales marinos como el tiburón ballena y la tortuga. Debido a la disparidad de género en la ciencia, «es realmente importante formar a mujeres científicas», dice Thys. «Necesitamos más mujeres que les muestren a las chicas más jóvenes las posibilidades que les ofrece la ciencia como opción profesional: una carrera emocionante, crucial, innovadora, capaz de resolver problemas y sustentar la vida».

Sus robots conciencian a la gente

David Lang espera que sus drones, como este de Monterey, California, sirvan para que los ciudadanos alejados de los océanos los comprendan mejor.

FOTOGRAFÍA DE PATRICK WEBSTER, NATIONAL GEOGRAPHIC CREATIVE

«Estamos intentando que los ciudadanos científicos tomen un papel más importante en la protección de océanos», comenta el Explorador Emergente de National Geographic David Lang. Para conseguirlo, ofrece a las personas una herramienta poderosa: los robots.

Lang es el cofundador de OpenROV, empresa que promueve el descubrimiento de las profundidades marinas mediante vehículos operados a distancia. A lo largo del próximo año, la compañía apoyará a ciudadanos científicos, organizaciones de conservación y alumnado, y proveerá con drones ciertos proyectos.

A cada dron se le asignará una misión específica, desde monitorear cambios en especies marinas de las costas californianas, hasta escanear el mar mediterráneo para buscar barcos naufragados y otros signos de vida antigua.

Una vez instalados, los robots acuáticos servirán para explorar los mares desde tierra firme, y comprender mejor qué necesita ser protegido y por qué.

Bajo la pista de la tortuga

Levantar a una tortuga marina de más de 45 kg del agua y meterla en un barco no es una tarea sencilla. Pero eso es lo que hace la bióloga de conservación marina Mariana Fuentes para salvar a estos reptiles en peligro de extinción.

Las tortugas marinas viven en aguas templadas de todo el planeta. Fuentes ha centrado su atención en las Bahamas, donde el gobierno se ha comprometido conservar un 20 % de su entorno marino como un área protegida.

Las tortugas no fueron el primer amor de Fuentes. «Al principio, quería trabajar con mantarrayas», dice, recordando un encuentro que tuvo con una que la confundió con comida. Después, cuando hacía prácticas en Brasil —su país natal—, Fuentes se sintió fascinada por las tortugas, que viven hasta un siglo. «El hecho de que sean supervivientes», comenta, «hace que quiera conservarlas».

Un perro guardián para las ballenas

El superpoder de Asha de Vos es la acción. Cuando comenzó a estudiar a la ballena azul, su conservación en Sri Lanka era prácticamente inexistente. Hoy, sus videos y campañas han llegado a miles de seguidores, incluso al gobierno.

En 2003, de Vos comenzó a viajar en embarcaciones pesqueras y buques de investigación. Descubrió que las ballenas no migraban a zonas ricas en comida, y que muchas eran golpeadas por navíos que viajaban por rutas marítimas.

Al ser la primera persone de Sri Lanka en conseguir un doctorado en investigación de mamíferos marinos, de Vos atrajo la atención mediática y ha impulsado la intervención del gobierno. Este año ha presentado Oceanswell, la primera organización de Sri Lanka centrada únicamente en la conservación, investigación y educación marina.

Como en casa bajo el agua

Grace Young ha vivido bajo el agua durante 15 días en un hábitat a 20 metros de profundidad frente a los Cayos de Florida. Rayas águila pasaban nadando por su ventana. Intercambiaba miradas con peces mero. Ser buzo, explica, se parece en cierto modo a ser un astronauta que vive en otro mundo.

Young, Exploradora Emergente de National Geographic, se ha centrado su investigación en los arrecifes de coral: dónde se encuentran, cómo crecen, y qué les está ocurriendo. Los arrecifes de coral sanos presentan cierta similitud con las ciudades pequeñas: Hay apartamentos para peces, la comida crece en los alrededores, y tanto organismos de un milímetro de largo, como otros de un metro conviven en espacios reducidos. Comprender cómo funcionan es crucial para saber cómo protegerlos.

Young bucea entre los ecosistemas que estudia, pero descifrar un arrecife requiere algo más que observarlos de cerca. Está diseñando un sistema de escaneo submarino que detecta medidas que el ojo humano no aprecia, como el flujo de nutrientes, la temperatura del agua y las dinámicas de sonido. «Muchos animales marinos, si no la mayoría, no ven con sus ojos, sino con sus oídos», explica. «Queremos estudiar los arrecifes desde esa perspectiva también».

National Geographic ha producido este contenido en el marco de su colaboración con Rolex, forjada para promover la exploración y la conservación. Ambas instituciones unirán sus fuerzas para apoyar a pioneros de la exploración y a sus sucesores con el fin de proteger las maravillas del planeta.

Perpetual Planet

Medio ambiente

Descubrir

Compartir esta página