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Viaje al fondo marino

Deepsea Challenge

El 26 de marzo de 2012, James Cameron, director de cine y explorador, realizó una inmersión en solitario sin precedentes. Descendió unos 10 908 metros bajo la superficie del océano Pacífico en el sumergible DEEPSEA CHALLENGER para alcanzar el punto más profundo del planeta. La inspiradora expedición DEEPSEA CHALLENGE sentó las bases de una nueva era en la exploración científica del fondo del océano, la zona más desconocida del planeta.

Ningún ser humano había vuelto a tales profundidades desde el 23 de enero de 1960, fecha de la primera inmersión tripulada al fondo de la fosa de las Marianas por el batiscafo Trieste. Rolex estuvo presente en estas dos inmersiones históricas.

HACIA EL ABISMO

Las profundidades más recónditas de los océanos, donde la luz no alcanza, esconden todavía muchos secretos. Cuando el último atisbo de luz de la superficie desaparece en el abismo y el azul noche se vuelve negro intenso, el océano se transforma en un terreno mucho más desconocido para el hombre que la superficie lunar.

El océano constituye el 70 % de la superficie del planeta, y el 90 % de la vida marina reside bajo las olas, entre 0 y –50 metros, la profundidad límite habitual para los submarinistas aficionados. Al descender, a la presión atmosférica normal de la superficie se le añade la presión hidrostática del agua. Más allá del límite de –50 metros, los peligros son cada vez más grandes y la destreza necesaria para sumergirse a estas profundidades también debe serlo. Tan solo una maravilla técnica específicamente diseñada para la investigación y exploración es capaz de resistir estas condiciones extremas y alcanzar el punto más profundo de la Tierra.

UNA INMERSIÓN HISTÓRICA

En las fosas marinas más profundas, la presión del agua es mil veces superior a la del nivel del mar —unas 7 toneladas por pulgada cuadrada—, y la luz jamás ha alcanzado estas profundidades. Todo esto lo convierte en el entorno más hostil del planeta.

La fosa de las Marianas en el océano Pacífico es el lugar más profundo de los océanos del mundo. El punto más profundo de esta fosa, conocido como el Challenger Deep, se encuentra a unos 11 000 metros de profundidad, y a unos 320 kilómetros al suroeste del territorio habitado más cercano, la isla de Guam. Si el Everest, la cima más alta del mundo, estuviera en la fosa, aún habría unos 2000 metros de agua sobre él.


En 1858, el HMS Challenger, barco de la Marina Real británica, midió por primera vez la profundidad de la fosa y dio nombre al Challenger Deep. Muchos años después, en enero de 1960, el oceanógrafo suizo Jacques Piccard y el teniente de la Marina de los Estados Unidos Don Walsh tripularon el Trieste, batiscafo de 150 toneladas, durante la primera inmersión al Challenger Deep. La expedición DEEPSEA CHALLENGE de James Cameron marcó un hito por primera vez en 52 años —y por segunda vez en la historia—: viajó al punto más profundo del planeta conocido por el hombre.

EL VIAJE AL DESCUBRIMIENTO

La expedición de James Cameron allanó el camino para una mayor investigación científica de las grandes profundidades. Los científicos estiman que el 95 % de los océanos sigue sin explorarse, y que además esconden pistas sobre la vida en la Tierra. «El lugar estaba desierto, como un paisaje lunar», dijo James Cameron tras la inmersión histórica. «Me sentí completamente aislado de la humanidad. Como si, literalmente en el espacio de un día, hubiera hecho un viaje de ida y vuelta a otro planeta».

DEEPSEA CHALLENGE arrojó luz sobre las profundidades, proporcionando imágenes en 3D de alta resolución y recopilando muestras valiosas para la comunidad científica, gracias a las cuales lograron identificar al menos 68 especies nuevas. Entre ellas se encuentran los anfípodos —criaturas similares a las gambas—, pepinos de mar, decenas de miles de microbios y capas de rocas fibrosas denominadas mantos microbianos, que contienen organismos capaces de sobrevivir en la oscuridad.

La expedición incluía un equipo de científicos a bordo de la embarcación de apoyo, que ayudaron a recopilar y analizar las muestras e imágenes que James Cameron obtenía en sus inmersiones. En agosto de 2014, el cineasta estrenó el documental DEEPSEA CHALLENGE 3D, donde describe la expedición desde sus inicios hasta las últimas 13 inmersiones en el Pacífico. El largometraje se presenta como un recordatorio para los seres humanos, sobre lo mucho que aún queda por descubrir de este planeta.

Trieste (izquierda) y DEEPSEA CHALLENGER (derecha)

ALTA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA CIENCIA

El sumergible DEEPSEA CHALLENGER mide 7,3 metros de altura y tiene forma de torpedo vertical. Sin embargo, durante la inmersión de casi siete horas de duración, James Cameron no se podía mover prácticamente de su posición fetal dentro de la esfera de metal de 109 centímetros de ancho, resistente a la presión, que conformaba su cabina de soporte vital. Para hacer frente a las condiciones extremas en las partes más profundas del océano, el DEEPSEA CHALLENGER incorporaba herramientas y materiales de vanguardia que ayudaron a avanzar en el ámbito del diseño de sumergibles, incluyendo la espuma sintáctica Isofloat® del casco flotante, paquetes de pilas resistentes a la presión y un sistema de vídeo compacto capaz de capturar material en 3D de alta definición del fondo marino más profundo del mundo.

A diferencia del Trieste, que solo pasó 20 minutos en el fondo del océano y no disponía de un equipo de cámaras o de investigación, el DEEPSEA CHALLENGER se diseñó como una plataforma científica. Fue capaz de permanecer en el fondo de la fosa de las Marianas durante tres horas y tomar muestras e imágenes de alta resolución de la fosa, por primera vez en la historia, demostrando unas habilidades sin precedentes.

UBICARSE EN EL TIEMPO, INCLUSO BAJO PRESIÓN

Como su precedente, el Trieste, el sumergible de James Cameron llevó un reloj experimental Rolex. En este caso, el Rolex Deepsea Challenge, fabricado para la ocasión, estaba colocado en un brazo hidráulico manipulador en el exterior del sumergible, acompañado de otros dos en el casco.

Al aumentar la tecnología desarrollada para el reloj de submarinismo Rolex Deepsea, actualmente hermético hasta los 3900 metros, los ingenieros de Rolex crearon un modelo experimental capaz de resistir la colosal presión de casi 12 toneladas sobre el cristal, a 11 kilómetros bajo la superficie del océano Pacífico en un mundo gélido, oscuro y vacío. Los relojes marcaron la hora perfectamente durante las casi siete horas que pasaron sumergidos, y salieron del agua en perfecto estado: «El Rolex Deepsea Challenge fue el fiel aliado durante la inmersión, presente en el brazo manipulador del sumergible y funcionando con precisión a más de 10 908 metros de profundidad en el Challenger Deep», declaró James Cameron tras su histórica inmersión. «Es un tremendo ejemplo de ingeniería y savoir-faire, una combinación ideal para el sumergible DEEPSEA CHALLENGER». En homenaje al Trieste, el Deep Sea Special —el reloj Rolex de la expedición de 1960— también formó parte de la tripulación.

Rolex Deepsea de la expedición de 2012 (izquierda) y Rolex Deepsea de la expedición de 1960 (derecha).

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