Desvelando un océano de misterio

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Se sabe relativamente poco sobre los vastos océanos que envuelven la Tierra, pero a través de una colaboración con Our World-Underwater Scholarship Society®, Rolex anima a la gente joven a explorar los mares. Forma parte de nuestro compromiso «Perpetual Planet» con organizaciones que se dedican a proteger el medio ambiente para las generaciones futuras.

¿Por qué es significativo el hecho de que Yann Herrera Fuchs hallara decenas de miles de erizos de mar, que llenan el fondo del océano a lo largo de la costa de Monterrey, California? ¿Por qué el gran arrecife de coral del sur de Australia despertó tanto interés en Olivia Johnson? ¿Y por qué Èric Jordà Molina estaba tan fascinado con un área del mar Rojo?

La respuesta es sencilla y significativa. Estos tres académicos de 2018 de la organización asociada con Rolex, Our World-Underwater Scholarship Society®, son miembros de una nueva generación de científicos y ambientalistas, inteligentes y elocuentes, que tratan de entender y comunicar los importantes misterios del mundo submarino.

Saben que hay escaso conocimiento detallado sobre los océanos, que cubren cerca del 71 por ciento de la superficie mundial. Los océanos regulan el clima, la temperatura global y, básicamente, las condiciones que favorecen todas las formas de vida. Sin embargo, no más del 10 por ciento de ellos han sido explorados o cartografiados con precisión.

Esta es la razón por la que la sociedad ha becado a 100 académicos desde 1974 con la ayuda de Rolex. La organización brinda a jóvenes científicos y ambientalistas seriamente comprometidos, que proceden de Norteamérica, Europa y Australasia, la oportunidad de llevar a cabo proyectos de investigación basados en el submarinismo, que pueden durar semanas o meses y llevarlos a distintas partes del mundo.

La Sociedad ha contribuido a impulsar las carreras de muchos de sus académicos en ciencias submarinas, investigación marina y en distintos tipos de actividades basadas en el medio ambiente. Michael Emmerman, expresidente de la sociedad, afirma: «Si destruimos el medio marino, destruiremos la humanidad. Si [los académicos] pueden formar una tropa encargada de difundir el mensaje, podremos hacer algo al respecto. Es increíble lo que la beca puede ofrecerles».

En el caso del director de fotografía submarina Adam Ravetch, su beca en 1985 le llevó a trabajar con National Geographic para producir un largometraje en 2007, Arctic Tale (Los reyes del Ártico), narrado por la rapera Queen Latifah. Ravetch consiguió ganar un premio Emmy por la dirección y el rodaje de Polar Bears: A Summer Odyssey. Describió el periodo de beca como «un punto de inflexión». Los tres académicos de 2018 están empezando a sentir la misma sensación de transformación.

Herrera Fuchs, de 24 años y natural de México, quedó fascinado con las medusas, los erizos y las estrellas de mar en pozas de marea, después de que su familia se mudara a Seattle. Una década más tarde, estaba haciendo una carrera de ciencias ambientales en Vancouver.

Cree que deberían tomarse medidas más coordinadas para proteger los océanos del mundo: «Mi principal preocupación es que aún existe una fuerte desconexión entre las personas y sus recursos, tanto desde un punto de vista cultural como científico y conservacionista. Me parece evidente que la gente capaz de sumergir la cabeza en el agua, literal o metafóricamente, se inclinará más por la conservación».

A través de su beca Rolex Scholarship, Fuchs visitó varios lugares, incluyendo México, donde participó en un proyecto de restauración de arrecifes. Intervino en un recuento mediante drones de tortugas golfinas que llegan a las playas de Oaxaca, y estudió el Acropora palmata, una especie de coral en peligro de extinción.

Sus inmersiones en los bosques de algas de Monterrey, California, proporcionaron información de especial importancia: «De pronto me quedó claro que jugamos un papel más importante que intervenir e intentar controlar los cambios en nuestro medio ambiente. Tenemos la capacidad de estudiar estos cambios y facilitar la adaptación de estas especies en un mundo en constante evolución».

La beca de Johnson le permitió examinar la vida marina en «algunos lugares increíbles del mundo, 13 países hasta ahora, y aún me queda medio año».

La académica de Tasmania de 23 años quedó fascinada con todas las cuestiones oceánicas cuando cursó una asignatura en el instituto titulada Explorando los Océanos. Fue un primer paso hacia su titulación en ciencias del mar y ciencia antártica.

Sus exploraciones como académica han incluido una excursión de buceo por las islas de la Polinesia entre Fiyi y Tahití, una inspección de los arrecifes coralinos en Ningaloo, Australia Occidental, y la observación de la flora y la fauna del gran arrecife de coral del sur de Australia.

«Los problemas relacionados con el cambio y las amenazas al ambiente ecológico de los hábitats marinos locales en Tasmania y Australia me hicieron ver que el gran público apenas es consciente de lo que ocurre en su propio entorno», declara. «Es fundamental adquirir habilidades para comunicarnos con el gran público, para darles la oportunidad de entender y formar opiniones fundamentadas sobre la investigación del océano y las amenazas reales a las que se enfrentan los océanos y sus ecosistemas asociados. Creo que la educación es la clave —solo puedes proteger lo que conoces y comprendes».

Èric Jordà Molina, de 24 años y natural de Barcelona, se hizo científico marino por la pasión que tuvo desde pequeño por el snorkel en la Costa Brava. Su principal interés son los organismos bentónicos; la vida marina que vive en o cerca del fondo del mar. Estas criaturas reciclan la materia orgánica en descomposición, capturan el CO2 de la atmósfera que se disuelve en el océano y son, fundamentalmente, indicadores precisos del estado químico y físico de ciertas zonas del océano.

Su beca le llevó al mar Rojo, los fiordos noruegos del subártico, la península de Baja California, y a Somerset y Cornualles en el Reino Unido, donde estudió fotogrametría 3D y obtuvo certificaciones de buceo de nivel avanzado. Afirma que la sociedad «me está brindando la gran oportunidad de mejorar exponencialmente mi experiencia en el campo [de investigación] submarino en un plazo de tiempo increíblemente corto.

«Hay tantas cosas extraordinarias en el fondo del mar que es nuestra obligación documentarlas y protegerlas de la mejor manera posible. No solamente porque son extraordinarias, sino también porque juegan un papel importante para el buen estado de nuestro planeta».

Molina quedó especialmente cautivado por esta investigación y por el curso de fotografía submarina en el mar Rojo, donde buceó entre corales en forma de catedral. «Después de 37 inmersiones en 13 días alrededor del sur del mar Rojo, aún sigo sin creerme las cosas que he visto y descubierto sobre el mundo submarino de esta región. Ahora me doy cuenta de lo importante que es la observación para fomentar la protección».

Sobre la colaboración

Rolex ha patrocinado Our World-Underwater Scholarship Society® desde su lanzamiento en 1974. Desde entonces se ha convertido en una organización internacional con una amplia comunidad de expertos marítimos. Su legado es el éxito de los académicos Rolex Scholars, que contribuyen con la exploración y la protección del mundo submarino.

Los Rolex Scholars pasan un año trabajando con líderes de campos submarinos, como la biología marina, la antropología, la arqueología y la hiperbárica. Son estudiantes universitarios o titulados con un excelente expediente académico, y buceadores de rescate certificados, de edades comprendidas entre 21 y 26 años. Cada uno recibe un Oyster Perpetual Submariner grabado.

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