Recuperando el pasado

Fecha de publicación: 2016-2017clockTiempo de lectura: 2m45s
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Thao-Nguyen Phan exhuma la poesía de la historia olvidada de Vietnam a través de sus obras pictóricas y audiovisuales. Se inspira en su mentora, la neoyorquina Joan Jonas, para superar el desafío de ser artista en su país.

por Amei Wallach Enero de 2018
  • Joan Jonas
  • Thao-Nguyen Phan

Tras el Año Nuevo Lunar, el centro de Ciudad Ho Chi Minh brillaba como un parque de atracciones. Cuando Joan Jonas visitó a su discípula Thao-Nguyen Phan en su ciudad natal; sobre las calles se extendían guirnaldas con estrellas comunistas iluminadas con LEDs, molinillos con destellos llamativos, parasoles iluminados y guirnaldas hechas con luces en forma de flores de loto, emblema de Vietnam.

Menos de 12 meses antes, Thao-Nguyen viajó por primera vez a Nueva York para conocer a Joan Jonas y le sorprendió todo lo que era posible hacer en un lugar en el que se celebra la experimentación y el público está educado. En su ajetreado año como discípula Rolex, Thao-Nguyen ha presenciado y, en ocasiones ayudado, cómo Jonas preparaba sus actuaciones y charlas en todo el mundo y así ha surgido una amistad basada en el respeto mutuo.

This was Jonas’s first visit to Vietnam and crucial to deepening their artistic understanding. En el estudio de Thao-Nguyen, están los restos de la decoración de Año Nuevo que ha ido recogiendo de las calles, estructuras cubiertas de tela que una vez fueron ostentosas flores de loto y que Thao-Nguyen había transformado en esculturas luminosas y utilería para el video en el que está trabajando.

Los girasoles, explica, simbolizan el Partido Comunista y el loto «es la representación de la pureza, porque el loto nace en el lodo, pero no emite su olor. Es el símbolo nacional porque vivimos en malas condiciones, pero no significa que éstas nos afecten».

Como muchos artistas llevan haciendo desde los años sesenta, Thao-Nguyen ha heredado la práctica que Jonas ayudó a desarrollar y que consiste en fusionar la tecnología con el instinto enigmático de la poesía. Los influyentes experimentos de Jonas de mezclar sonido, música, movimiento, danza, pintura e imágenes en movimiento permiten que la audiencia se involucre en una pieza artística de una forma más compleja y ha servido para ofrecer actuaciones y videoarte innovadores en el proceso.

Jonas lleva utilizando, durante medio siglo, las culturas del mundo, las historias con orígenes mixtos, las formas literarias y los medios antiguos y contemporáneos para crear lo que llama «espacios mágicos encantados», en los que repensar temas universales como el origen de las culturas y las creencias, la construcción y fragmentación de la identidad, y el abuso de la naturaleza.

El arte de Thao-Nguyen se basa en su formación como pintora en la Vietnam University of Fine Arts y en la School of the Art Institute of Chicago y se centra en sus propias experiencias. Las instalaciones artísticas, el vídeo y la escultura son las herramientas con las que exhuma la historia enterrada de su país.

Thao-Nguyen es pequeña y tiene una belleza inocente que contrasta con la fuerza de su trabajo. «Me preocupa el sistema educativo en Vietnam, al que cuestiono porque borra la historia y provoca una gran amnesia», dijo en febrero, mientras guiaba a un visitante en un recorrido por el estudio en el que estaba preparando su primera gran exposición individual en Ciudad Ho Chi Minh. Ya había titulado la obra Poetic Amnesia, una acertada descripción del contenido y del enfoque.

«La historia la escriben los ganadores y cuando el norte ganó la guerra en 1975, reescribieron la historia», explica Thao-Nguyen con su dulce y engañosa voz. «Hubo mucho trauma».

Le entusiasmaba compartir con Jonas el contexto de su arte y las historias no contadas que encierran las experiencias cotidianas como abrirse camino por las caóticas calles en las que multitud de motos salen en estampida antes de que el semáforo cambie a verde o deslizarse por las aceras donde los comensales se deleitan con fragantes cuencos de sopa pho sentados en taburetes.

Jonas y Thao-Nguyen visitaron museos y los lugares en los que aconteció lo que los estadounidenses llaman guerra de Vietnam y los vietnamitas guerra americana. «Es muy conmovedor ser estadounidense y estar en Vietnam, por la guerra», comenta Jonas después.

A dondequiera que va, Jonas siempre lleva su cámara GoPro en mano y esta vez, paseando por los estudios de fabricación de papel, captura las todavía novatas galerías de arte. Muchas de estas imágenes han ido a parar a su exposición What is Found in the Windowless House is True de Nueva York, que presentó a principios de año, al igual que las cometas de bambú y papel hechas por un experto en fabricación de cometas que Thao-Nguyen encontró.

«Estoy aprendiendo mucho sobre Vietnam, y es muy imperceptible y sorprendente», contaba Jonas a un público de artistas y conservadores sentados en esterillas en Nha San, uno de los pocos espacios artísticos experimentales de Vietnam. Jonas era una espectadora en Vietnam, como Thao-Nguyen lo fue durante el mes que pasó en su estudio de Nueva York, en España, en Italia y en la India.

«Thao siempre me acompaña cuando estoy trabajando en una gran obra; creo que aprende mucho observándome», dice Jonas.

Thao-Nguyen lo prefiere así. «No pido que el mentor esté en mi estudio y me diga qué tengo que hacer. No necesito eso. Yo solo observo, observo cualquier cosa: los libros que lee, las películas que le gustan, la comida, todo. Me gusta observar cómo reacciona con la gente y las preguntas que hace o cómo hace su trabajo y su curiosidad por las cosas. Esto es más importante que el tiempo que pasamos juntas en el estudio».

Jonas está de acuerdo. «Thao es una artista con muchas dotes. Tiene una buena formación. Podemos hablar sobre su trabajo, pero pienso que también tiene que evolucionar a su manera. Le doy indicaciones sobre sus vídeos, pero cuando se trata de pintura, solo le digo cuánto me gusta su obra».

Thao siempre me acompaña cuando estoy trabajando en una gran obra; creo que aprende mucho observándome.

Thao-Nguyen había creado unos breves vídeos antes de conocer a su mentora y había empezado a unir lo que se convirtió, más tarde, en Tropical Siesta. Ha estado trabajando en una serie de pequeñas pinturas en las que delicados trazos de sombras y colores representan personajes alejados de su contexto. Sus solitarios gestos transmiten a la vez elementos relacionados con la psicología y la historia, pero también mucha emoción. En las nuevas pinturas, aparecen niños durmiendo sobre escritorios, flotando en el agua o caminando en fila con sus cabezas entre los peldaños de una escalera —acciones que representan niños reales en el video.

En Roma, Thao-Nguyen mostró a Jonas la primera versión del brutal pero emotivo video que había creado. Jones se centró en la estructura y la duración de 30 minutos de la obra hecha para una única pantalla. Mientras lo veían, a Thao-Nguyen se le ocurrió que sería mejor contar la historia en dos pantallas.

«Ahora parece una instalación, está más condensado, no como una película», explica refiriéndose al resultado de 14 minutos y dos canales.

Además, el brusco corte terminaba con un subtítulo sintetizador que aunaba el dispar hilo del juego de niños, la ensoñación y la memoria que ilustran la importancia del lenguaje y el peligro de jugar con él. Un final tan puro era más didáctico, sugería Jonas.

En ese mismo viaje a Roma los temas empezaban a fusionarse. En los Archivos Jesuitas (ARSI) de la ciudad, Thao-Nguyen pudo consultar los textos y cartas originales del siglo XVII correspondientes a una etapa poco conocida de la historia de Vietnam que había estado estudiando. El misionario jesuita francés, Alexandre de Rhodes, tradujo los caracteres chinos de la escritura vietnamita al alfabeto romano que se utiliza actualmente en el idioma vietnamita. Como consecuencia, Vietnam perdió parte de su cultura, como algunos de los mitos que los misionarios jesuitas contaban en las cartas que Thao-Nguyen ha encontrado.

En el video Tropical Siesta, la ausencia de profesores en las aulas, de alfabeto y de disciplina recrea estos relatos. Aparecen flotando sobre el fango y bailando con estructuras luminosas en forma de girasoles que Thao-Nguyen ha rescatado de las calles. Secuencias de ensueño tan meticulosamente creadas como sus pinturas se enlazan con imágenes rurales de arrozales y ranas de árbol. Ficción y realidad se confunden en lo que Thao-Nguyen llama «un sentimiento de optimismo desagradable».

Cuando Jonas visitó su estudio, Thao-Nguyen estaba preparando la exposición que presentaba en abril en The Factory Contemporary Arts Centre, el primer gran espacio artístico de Ciudad Ho Chi Minh. En Vietnam, para realizar una exposición pública es necesario disponer de un permiso del Ministerio de Cultura y Turismo. Por ello, las galerías son escasas y muchos artistas muestran sus obras únicamente a sus compañeros.

Artistas y otros profesionales del arte esperan que las libertades ligadas al crecimiento económico se extiendan también al mundo de la cultura. No obstante, los asesores jurídicos de The Factory aconsejaban a Thao-Nguyen no enviar su video y muchas de las pinturas que formarían parte de la exposición a las autoridades. Thao-Nguyen confesó a Jonas que estaba considerando eliminar las imágenes controvertidas. Pero a Jonas le preocupaba que la autocensura arruinara su trabajo.

«Una de las razones por las que quería ir a Vietnam era para comprender su situación, las limitaciones que encuentran los artistas allí», explica Jonas. «Siento que ahora puedo hablar con ella sobre este tema, y ayudarla».

Aprendí de ella que hay que trabajar con lo que se tiene, y puede ser que lo que tengas sea muy valioso.

Finalmente, el video de Thao-Nguyen quedó intacto, aunque la pantalla permanecía apagada durante la exposición pública y solamente se encendía para los espectadores invitados. «De Joan he aprendido, sobre todo, a ser flexible y hacer el trabajo que quiero hacer en cualquier situación, porque en Vietnam siempre nos estamos quejando de la falta de apoyo», dice Thao-Nguyen. «Estamos viviendo una transición y hay mucho potencial aquí, pero la situación es todavía limitada. Joan tiene una manera de trabajar muy abierta y libre. Está siempre trabajando y observando cosas y grabando vídeos. No necesita una cámara muy sofisticada; simplemente utiliza su iPhone y consigue buenos resultados. Esa es la lección más importante. Aprendí de ella que hay que trabajar con lo que se tiene, y puede ser que lo que tengas sea muy valioso».

Jonas intenta ayudar de una forma diferente: «La razón por la que quería trabajar con Thao es porque me interesaba mucho su trabajo. Además, creía importante apoyar el trabajo de una mujer de Vietnam y ayudarla a establecer conexiones en distintas partes del mundo. Ha sido una experiencia verdaderamente especial y disfruto conversando con ella. Espero que esta relación continúe. Sus obras deben mostrarse, y se mostrarán en muchas circunstancias diferentes».

«Conocer a Joan ha sido fruto del destino», dice Thao-Nguyen. «Mi relación con Joan va a ser duradera».

Amei Wallach es una escritora sobre arte y directora afincada en Nueva York. Es presidenta emérita de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) en Estados Unidos.

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