Iniciativa Artística RolexAprender de un maestro

Fecha de publicación: 2015clockTiempo de lectura: 2m40s
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Fue en un cine de Tel Aviv donde Tom Shoval descubrió la tierna ferocidad del arte de Alejandro G. Iñárritu, director oscarizado en la pasada edición por Birdman. Quince años más tarde, convertido en discípulo de Iñárritu en el marco de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos, aprende bajo la protección de su mentor a ser un director consumado. Tom Shoval nos trae algunas instantáneas memorables de un año de mentoría (2014-2015) repleto de lecciones vitales.

Por Tom Shoval

Descubrí a Alejandro G. Iñárritu a los 16 años. Siempre he sido un apasionado del cine, desde pequeño me alimentaba de películas. Veía todo lo que podía y leía todo lo que caía en mis manos acerca del séptimo arte. En aquella época también entré en una escuela de Tel Aviv que proponía una sección de Cine; allí di mis primeros pasos en el mundo de la dirección.

El invierno fue duro aquel año. Un día, aproveché una tormenta para saltarme las clases e irme al cine. Había oído hablar muchísimo de la película Amores perros de Iñárritu, y me moría de ganas de verla. Salvo por un par de personas de avanzada edad, la sala estaba vacía.

La película comenzó e inmediatamente me vi atrapado por su universo crudo, salvaje, sin concesiones. Allí estaba yo, aturdido por mi descubrimiento, fantaseando con que una sala de cine era el único lugar donde un secreto tan poderoso como aquella película podía ser compartido por perfectos desconocidos de diferentes generaciones. Para mí, Amores perros es un filme sobre el destino y la manera en que las historias paralelas se confunden con nuestra propia historia.

Nunca olvidaré los ladridos de aquellos perros que se pelean, la fuerza con la que esa famosa escena evoca los ciclos de violencia que marcan nuestras vidas, y la tristeza, la ternura con la que se desarrolla. Al salir de la sesión, supe que, si mi sueño de convertirme en director se cumplía algún día, yo también intentaría alcanzar ese nivel de sensibilidad.

LA OPORTUNIDAD DE UNA MENTORÍA

Quince años más tarde aquí estoy, en Polonia, caminando por una de las grandes arterias de Varsovia. Mi primer largometraje, Youth, se proyecta en la programación de un festival. Esta película se ha presentado tantas veces en festivales que ya he adquirido mis pequeños hábitos: durante la proyección, deambulo por la ciudad y me las arreglo para estar de vuelta a tiempo para el turno de preguntas.

Alejandro G. Iñárritu en su despacho de Culver City, en Los Ángeles.

De repente suena mi teléfono; número desconocido. Creo saber quién me llama, y me quedo paralizado.

Desde hace unos meses, soy candidato a la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos. Para mi absoluta sorpresa y mi inmensa alegría, este año es Iñárritu el mentor en la categoría de cine. Hace un mes me enviaron a Los Ángeles, junto con los otros dos finalistas, para conocerlo.

La emoción que sentí es difícilmente descriptible: me encuentro en un estudio de montaje de sonido con Alejandro, que está montando su película Birdman. Las imágenes que proyecta la gigantesca pantalla parecen salidas de otra galaxia, de un futuro lejano. Michael Keaton está levitando en el cielo neoyorkino.

Un pensamiento cruza mi mente: ¿esta escena va a cambiar el panorama del cine?

Alejandro propone ir a comer algo.

Voy en coche con Alejandro G. Iñárritu. Repito: Voy en coche con Alejandro G. Iñárritu.

Tom conoció a su mentor en el interior de un estudio de montaje (Alfred Hitchcock Theater) en los Universal Studios.

Basta con ver trabajar a Iñárritu para comprender que, en cuestión de cine, lo que cuenta no son los medios.

En el restaurante, mantenemos un apasionante debate sobre el cine y la vida. Alejandro me dice que mi película le ha gustado de verdad. Cierro los ojos. Los vuelvo a abrir. No, no estoy soñando. De vuelta en Varsovia.

Respondo, con voz temblorosa, preparándome para lo peor, cuando una voz me anuncia que Alejandro me ha escogido a mí. La presión desaparece de golpe, y aquí estoy yo, saltando de alegría en plena calle en una ciudad desconocida.

Llamo inmediatamente a mi padre, que está en Israel, para darle la noticia. A él le debo todo esto: él me contagió el virus del cine llevándome a ver las películas que no interesaban a mi madre. Y cuando colocaba las cintas de vídeo en lo alto de una estantería y me prohibía verlas, yo sabía que tenía su consentimiento tácito para verlas. Al otro lado de la línea, mi padre llora emocionado.

LA MEJOR ESCUELA DE CINE

Uno de los momentos álgidos del año es la visita al plató de la última producción de Iñárritu, The Revenant, una película de aventuras y supervivencia protagonizada por Tom Hardy y Leonardo DiCaprio. Alejandro me propone seguir el rodaje desde su punto de vista, lo cual es muy generoso por su parte. Así puedo seguir todas las etapas de preparación y observar cómo toma decisiones en directo, trabaja en el plató y dirige a los actores. Es la mejor escuela de cine posible. Incluso asisto a la primera reunión oficial de preproducción con el equipo. No me puedo creer lo que veo: ahí está Jack Fisk, el legendario director artístico de Mulholland Drive, Malas tierras y Pozos de ambición; y Emmanuel Lubezki, el increíble director de fotografía que precisamente acaba de concluir el rodaje de Gravity y de Birdman. Creo que todas las personas que están sentadas a la mesa han sido nominadas a un Oscar, o lo han ganado.

Alejandro me presenta como un amigo, un joven y prometedor director que ha hecho una película muy hermosa. Casi me caigo de la silla. Una vez concluida la reunión, me acerco a él y le pregunto si ha reparado en que todo el equipo tiene alguna relación con la célebre estatuilla de oro. Se ríe, me da una palmada en la espalda y me asegura que no es más que una cuestión de tiempo.

Tomo un poco de perspectiva y me pregunto: ¿cómo esta producción de varias decenas de millones de dólares podría enseñarme algo? Esto no tiene nada que ver con lo que yo conozco en mi país. Pero, de hecho, basta con ver trabajar a Iñárritu —es un cineasta de los pies a la cabeza— para comprender que, en cuestión de cine, lo que cuenta no son los medios. Gracias a él, vuelvo a aprender este principio del séptimo arte: todo depende de la emoción suscitada en el espacio por el encuentro de dos movimientos.

Me acostumbro a que Iñárritu me pida mi opinión sobre la última toma y a que Leonardo DiCaprio contemple la pantalla a mi lado. Me acostumbro a estos largos trayectos que me llevan a descubrir paisajes montañosos que cortan la respiración, tan grandiosos que parecen decorados. Cine y realidad se confunden y, sinceramente, no me canso de ello. Estoy viviendo el sueño de mi infancia.

CUANDO EL DESTINO SE MEZCLA

Lo que sigue va a parecer sacado de un guion inverosímil. Sin embargo, es la realidad.

Lo improbable ocurre: un corto que he coescrito, Aya, figura entre los cinco candidatos seleccionados para el Oscar a Mejor Cortometraje de Ficción. Contra todo pronóstico, aquí estoy, en la carrera hacia los Oscar en el mismo año en que la magistral película de mi mentor, Birdman, está nominada a ocho estatuillas. Un nuevo guiño del destino.

LA FAMOSA ALFOMBRA ROJA

Alejandro está muy contento por mí, lo cual me conmueve profundamente. Me invita a que tome el avión a Los Ángeles directamente con el equipo de producción. Me instalo cómodamente en mi asiento, observo a las personas que me acompañan y de pronto me doy cuenta de que todas ellas, yo incluido, han sido nominadas a un Oscar o lo han recibido. En un momento me digo que sigue siendo un golpe de suerte del que Alejandro tiene el secreto, y entonces soy consciente de que si creo en una cosa, solo tengo que trazar mi camino hasta ella y seguirlo hasta el final.

Piso la alfombra roja. A mi alrededor, la gente se toma su tiempo, remolonea, incluso se detiene para disfrutar plenamente de sus quince minutos de gloria. Los agentes de seguridad les gritan para que avancen… en vano. Por mucho que digan, la emoción que te embarga en este momento supera todas las expectativas. Una hora más tarde, entro en el vestíbulo. Ahí es donde te das cuenta de que se acaba de caer una barrera. Estoy rodeado de estrellas mundiales, todas ellas tan relajadas y entusiasmadas como yo. Aquí estoy charlando con Marion Cotillard y Ben Affleck.

Mi película no ha sido premiada (en ningún momento fue la favorita), pero Alejandro ha arrasado en las principales categorías con Birdman. ¿Quién puede presumir de haber asistido personalmente a la consagración de su mentor?

El rodaje de The Revenant discurre en las extraordinarias montañas que rodean Calgary, en Canadá.

UNA LECCIÓN VITAL

En este momento estoy trabajando en mi segundo largometraje. Alejandro ha tenido la amabilidad de aconsejarme a lo largo de todo el proceso de trabajo. El destino no deja de sorprenderme, y no tengo la intención de anticipar absolutamente nada. Aceptaré las cosas tal y como vienen, con amor. Tal vez esa sea una de las mayores lecciones de Iñárritu: dejar siempre un poco de sitio a lo inesperado.

BIOGRAFÍA DE TOM SHOVAL

1981: Nace en Petah Tikva (Israel).

2005: Escribe y dirige su primer cortometraje, Ha-Lev Haraev (The Hungry Heart).

2007: Obtiene el título de la escuela de cine y televisión Sam Spiegel de Jerusalén. Escribe y dirige el cortometraje Petah Tikva.

2011: Escribe y dirige el cortometraje I Will Drink My Tears.

2012: Coescribe el cortometraje Aya.

2013: Estrena su primer largometraje, Youth. Con él logra el Premio a Mejor Película del Festival de Cine de Jerusalén.

2015: Aya compite por el Oscar en la categoría de Mejor Cortometraje.

  • Tom buscando localizaciones para su próxima película sobre la playa de Sdot Yam, en Israel.

  • Buscando localizaciones con su director de fotografía, Seffy Hirsch.

  • Tom relee sus notas mientras viaja a Tel Aviv para el rodaje de su película.

LA INICIATIVA ARTÍSTICA ROLEX PARA MENTORES Y DISCÍPULOS

Tom Shoval y Alejandro G. Iñárritu forman uno de los numerosos dúos mentor-discípulo que han tomado parte en la Iniciativa Artística Rolex creada en 2002.

Este programa filantrópico emprendido por Rolex tiene como objetivo perpetuar el patrimonio artístico mundial de una generación a otra reavivando la tradicional relación entre maestro y aprendiz. Reúne, en siete disciplinas (arquitectura, danza, cine, literatura, música, arte dramático y artes visuales), a un maestro o maestra de renombre internacional y a un joven artista prometedor para un período de colaboración creativa. A través de los distintos continentes y culturas, cientos de artistas de todo el mundo se han asociado a este programa que ofrece a jóvenes talentos en desarrollo tiempo para aprender y madurar. En la disciplina de cine, Alejandro G. Iñárritu viene a unirse al círculo de grandes figuras contemporáneas del séptimo arte que han participado en la Iniciativa Artística Rolex en calidad de mentores: Stephen Frears, Walter Murch, Mira Nair, Martin Scorsese y Zhang Yimou.

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