Rolex y National GeographicEncuentro con dos generaciones de defensoras de los océanos

Fecha de publicación: julio 2018clockTiempo de lectura: 2 min 35 s
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Sylvia Earle y Jessica Cramp revelan qué les inspira y explican cómo podemos contribuir a un mundo más limpio y más azul.

Por Brian Clark Howard
 

Sylvia Earle es una de las figuras más reconocidas y con mayores logros en el mundo de la conservación, y lleva medio siglo haciendo campaña en favor de los océanos. A sus 83 años, Earle mantiene una apretada agenda de actividades relacionadas con la exploración, la educación y la protección medioambiental que le lleva a viajar por todo el mundo y a reunirse con todo tipo de interlocutores, desde líderes mundiales hasta niños en edad escolar.

Earle, apodada «Her Deepness» («Su Profundidad») por los numerosos récords de exploración que ha batido a lo largo de su extensa carrera, afirma que los océanos son esenciales para la vida en la Tierra aunque el público general no piense en ello.

«El mar es mucho más que peces», dice Earle, que también es Testimonial Rolex. «Está relacionado con el ciclo del carbono, con el clima, con la química que ha dado lugar a toda la vida en la Tierra».

Earle ha inspirado a millones de personas en todo el mundo a valorar la importancia de los océanos y de la conservación en general. La exploradora de National Geographic Jessica Cramp es una de ellas. Desde el 2011, Cramp vive y trabaja en las islas Cook, donde estudia los tiburones y los ecosistemas marinos y lucha por su protección. Su labor ayudó a crear el contexto necesario para establecer en las islas un santuario de escualos que en su momento fue el más grande del mundo.

National Geographic organizó un encuentro con Earle y Cramp para poner sus carreras en perspectiva y hablar de los grandes problemas que afectan a los océanos y a nuestro planeta.

Vosotras pertenecéis a dos generaciones diferentes de biólogas marinas. ¿Qué habéis aprendido la una de la otra?

S. E.: A mí me encanta lo que hace Jessica. Ahí la tenemos, manos a la obra en las islas. Ha sabido aprovechar el momento.

J.C.: Sylvia ha sido todo un referente para mí. Si yo he podido hacer mi trabajo, ha sido gracias a ella y a otros científicos que han allanado el camino. Sylvia no lo tuvo tan fácil como yo.

¿A qué retos os habéis tenido que enfrentar?

S. E.: Ahora se acepta mejor la idea de que una mujer puede ser igual de competente que un hombre. Vamos avanzando.

J.C.: Aún queda mucho camino por recorrer, incluso en el país en el que yo vivo [las Islas Cook]. Hace poco estuve al frente de una expedición, y algunos habitantes de las islas no sabían cómo manejar el asunto. Cuando buscaban orientación, seguían dirigiéndose a los hombres de mi equipo. Decían cosas como: «un momento, ¿ella es la jefa? ¿En serio? Debe de tener algo realmente especial». Me llegaron a preguntar: «¿por qué no dejas que eso lo hagan los hombres y tú te vas a aprender a bailar el hula?»

S.E.: A mí, los medios me preguntaban por mi cabello y mi pintalabios. Querían saber por qué me llevaba un secador de pelo a las expediciones. Bueno, no era para el pelo, sino para los oídos. Pero entendí que así al menos me prestaban atención, de manera que les seguía el juego y lo aprovechaba para hablar de los océanos.

J.C.: Un periodista me dijo no hace mucho que no sabía que hubiera científicos con mi aspecto. Vale, ¿y qué aspecto se supone que tiene un científico?

J. C.: Sylvia, tengo una pregunta para ti: ¿cómo empezaste tu aventura en la ciencia?

S. E.: Al principio, como testigo. De pequeña vivía en Nueva Jersey, y vi cómo los bosques de la zona se convertían en urbanizaciones. Mi familia se mudó a Florida cuando yo tenía 12 años. Era un mundo muy diferente, maravilloso. Me sumergí en la naturaleza y el mar. Pero, con el tiempo, el ladrillo volvió a provocar otra transformación. La bahía de Tampa cambió muy rápidamente. Y entonces fue cuando decidí ser científica.

De entrada, solo quería centrarme en la ciencia. Pero los medios y la atención del público me obligaron a salir de mi caparazón. En poco tiempo, me vi testificando sobre cuestiones importantes ante las cortes de Chicago o el Congreso.

Jess, gran parte de tu trabajo consiste en involucrar a las comunidades locales en la conservación marina. ¿Por qué es algo tan importante?

J. C.: Yo soy científica, pero todo lo que hago está dirigido a la legislación. El trabajo con la comunidad local es el núcleo de toda mi actividad. Si no tienes en cuenta a la comunidad, no puede existir ninguna política de protección medioambiental con un armazón sólido. Nada se aguantaría.

Sylvia, tu trabajo suele transitar entre lo local y lo global. ¿Cómo lo haces para moverte en un ámbito tan amplio?

S. E.: Es importante que trabajemos tanto con comunidades locales como con presidentes, ministros, grandes ejecutivos, etcétera. Y también con los pescadores, porque se pasan la vida en el agua y tienen muchísimo conocimiento. Ellos suelen ser los primeros en notar cambios, como una captura deficiente, por ejemplo. A veces, los científicos no logramos conectar con las personas que podrían proporcionarnos la información más relevante.

Nuestro trabajo como científicos es comunicar al público lo que sabemos. En general, la gente está a favor de la existencia de zonas protegidas porque comprende que son muy necesarias.

Las dos habéis utilizado tecnología avanzada al servicio de la conservación de los océanos. ¿Hasta qué punto ha sido una herramienta importante?

S. E.: Los progresos en la tecnología, como los equipos de inmersión SCUBA, han permitido sumergirse en los mares a millones de personas. Rachel Carson solo pudo bucear una vez en su vida. Bajó unos tres metros por una escalera en aguas turbias con una escafandra de cobre. ¡Imagínate si hubiera tenido la posibilidad de contemplar lo que cualquier aficionado puede ver hoy en día! Y ya no hablemos de herramientas sofisticadas como drones, vehículos operados a distancia, submarinos y estaciones de observación.

J. C.: Tú has llegado a vivir bajo el agua, ¿verdad?

S. E.: Sí, en diez ocasiones. Después de pasar tanto tiempo ahí abajo, tuve una revelación: era capaz de reconocer a los peces como individuos. No se comportan igual, cada uno tiene su propia identidad.

J.C.: Hablando de tecnología, gran parte de los datos en los que se basa mi trabajo de conservación procede de la localización por satélite. Esto nos permite detectar dónde faenan los pescadores comerciales, lo cual es fundamental para la aplicación de las leyes. Así sabemos si pescan allá donde están autorizados a hacerlo. También podemos realizar un seguimiento de las grandes migraciones de tiburones y aves marinas, que no respetan fronteras nacionales ni límites de parques.

S.E.: Ese tipo de trabajo ha conseguido que las grandes embarcaciones bajen la marcha en las rutas migratorias vitales para ballenas y tortugas.

J.C.: La tecnología nos ha ayudado a desarrollar políticas para proteger aquello que amamos.

S.E.: La tecnología es un arma de doble filo. Es mano de santo tanto para la ciencia como para la explotación. Las revistas de pesca están llenas de anuncios que dicen que los peces no tienen donde esconderse debido al uso del sonar. La geolocalización precisa de la navegación es crucial para la ciencia, y también ayuda a los pescadores a regresar a ciertos lugares con mucha exactitud. Cuando yo empecé, era muy difícil volver a encontrar un punto concreto en el océano.

Hablemos de los tiburones, una especie con la que ambas tenéis mucha intimidad. ¿Por qué creéis que fascinan tanto a la gente?

J. C.: Yo siempre digo que los tiburones son lo primero que te engancha del océano. A los niños les encantan. A los adultos, o les encantan o les aterrorizan. Pero, en cualquier caso, les cautivan. Si usas a los tiburones para atraer a la gente, luego puedes enseñarles más cosas sobre los mares casi sin que se den cuenta.

S.E.: Yo llamo a los tiburones «dinosaurios honorarios» por esa misma razón. En el océano, los tiburones son unos excelentes indicadores de salud. Un arrecife con buena salud tiene muchos tiburones, y un arrecife con mala salud no tiene ninguno. La gente piensa en el tiburón como el depredador definitivo, pero se equivoca. Nosotros somos ese depredador.

Con todos los desafíos que implica el trabajo de conservación, ¿qué es lo que os motiva a seguir en la brecha?

S. E.: Jessica.

J.C.: Me siento muy honrada. A mí, Sylvia.

Y también el hecho de que estos problemas tienen solución. Ya no tenemos la excusa de que no sabemos qué hacer. Ahora, la gente está más sensibilizada. Muchos políticos son conscientes de los problemas y están dispuestos a afrontarlos. Solo tenemos que lanzarnos de cabeza a por ello

J. C.: Sylvia, otra pregunta que quería hacerte: ¿qué es lo que te mueve a seguir adelante en los momentos más difíciles de este trabajo?

S. E.: Es una combinación de cosas. Por un lado, creo en el espíritu humano, en nuestra capacidad para amar y cuidar. Y luego está la resistencia de la naturaleza. En el océano hay más tortugas y ballenas ahora que cuando yo era niña. La barnacia de Hawái estaba casi extinguida, pero ahora está volviendo. Y tenemos muchos otros ejemplos.

¿Qué consejo les daríais a las generaciones futuras con intenciones de proteger los océanos?

S. E.: Es muy gratificante ver el interés que muestran los niños. Ellos no tienen tantos prejuicios como los adultos: hacen preguntas y están deseando obtener respuestas. Aunque puede no ser tan fácil, creo que es imprescindible escuchar al niño que todos llevamos dentro, porque el océano está pasando por dificultades.

J.C.: Yo espero que la próxima generación sepa vivir en equilibrio con el medio ambiente.

¿Qué puede hacer la gente de la calle para contribuir a unos océanos más limpios?

S. E.: Si eres un niño, lleva a un adulto a un entorno natural e intenta hacerle ver el futuro a través de tus ojos. Si eres un adulto, haz eso mismo con un niño. Cuando vayas al mar, y particularmente a un Hope Spot [un lugar especial por su alto valor en términos de conservación], comparte tus fotos y datos, porque esa información puede ser útil.

J.C.: Haz presión sobre los responsables políticos. Participa en programas de voluntariado.

S.E.: Si actualmente vivimos más y mejor, en parte es porque hemos aprendido mucho sobre lo que se necesita para tener una vida sana. Una de las claves para ello es una dieta basada principalmente en vegetales, que a su vez reduce nuestro impacto sobre el planeta y otras especies. Tenemos opciones y debemos respetar otras formas de vida simplemente porque existen, porque todas tienen su importancia. Todo ello nos convierte en lo que somos. Y estamos en un momento ideal para pasar a la acción.

National Geographic ha producido este contenido en el marco de su colaboración con Rolex, forjada para promover la exploración y la conservación. Ambas instituciones unirán sus fuerzas para apoyar a pioneros de la exploración y a sus sucesores con el fin de proteger las maravillas del planeta.

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