Deepsea Under The PoleBajo el hielo que se derrite

Fecha de publicación: 5 de marzo de 2012icon-clockTiempo de lectura: 3 min 10 s
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Deepsea Under The Pole by Rolex fue una expedición pionera que comenzó en 2010 para saber más sobre la parte sumergida del Ártico. Durante una combinación de esquí de travesía y buceo en uno de los lugares con las condiciones más duras del planeta, los ocho miembros de la expedición llevaron a cabo experimentos científicos.

El equipo recopiló un material audiovisual excepcional de un mundo en desaparición, donde hielo y nieve coexisten con una abundante y extraordinario fauna marina. Rolex se enorgullece de haber apoyado al equipo en la expedición de 2017 Under The Pole III y haber ayudado a impulsar nuevos descubrimientos y a arrojar luz sobre la comprensión del planeta.

La expedición Deepsea Under The Pole de 2010, que llevó a los miembros del equipo encabezado por Ghislain Bardout al Polo Norte —y que más tarde descendería, tras atravesar un metro de hielo, a las aguas congeladas debajo del casco polar— comenzó en la mente fantasiosa de un joven estudiante francés de 15 años.

Durante su niñez en Ferney-Voltaire, cerca de la frontera franco-suiza, Ghislain Bardout se fascinaba con las escenas del Polo Norte que surgían de su imaginación —que, además de osos polares y la esplendorosa nieve, también incluía la majestuosidad oculta de las cristalinas aguas azules bajo el hielo blanco escultural. Su curiosidad lo llevó a buscar fotografías del polo, pero no encontró ninguna. Nunca nadie se había sumergido bajo la capa de hielo para tomarlas.

Quince años más tarde, mientras Ghislain se encontraba en la cima del mundo, pudo entender por qué.

Aunque sabíamos que haría un frío terrible, fue un shock de cualquier manera. El frío penetraba todas las capas de ropa que llevábamos puesta y nos calaba los huesos. Las quemaduras por frío se convirtieron en un enemigo constante.Ghislain Bardout

Tan solo lograr que su expedición, Deepsea Under The Pole by Rolex, llegara al Polo Norte representó un esfuerzo monumental, que requirió casi tres años de planificación continua, recaudación de fondos, investigación, preparaciones logísticas y entrenamiento físico y mental. El equipo entrenó durante varios inviernos en los Alpes franceses y en el norte de Finlandia, en donde pusieron sus equipos a prueba y su aguante en hielo de mar del Báltico norte.

Esas preparaciones finales fueron tan desgastadoras, seguidas por el largo viaje de Francia a Montreal y luego al Ártico canadiense, que Bardout se permitió para sí mismo un momento de júbilo, después de que él y el resto del equipo de ocho miembros aterrizara cerca del polo el 26 de marzo de 2010. Bardout recuerda que, «Estar allí, observando al avión despegar, me sentí como si la expedición número uno acabara de concluir», y agrega, «únicamente llegar a ese punto resultó todo un logro».

Los cinco relojes Rolex Deepsea funcionaron a la perfección a pesar de las condiciones extremas, permitiendo así que el equipo pudiera monitorear los periodos críticos del tiempo de buceo.

La expedición número dos fue todavía más ambiciosa. Tomó dos meses, 800 kilómetros (497 millas) de caminata con esquís sobre el témpano de hielo movedizo hasta la isla de Ellesmere, y con varias paradas para bucear bajo el hielo. El propósito de esas inmersiones fue documentar. El equipo eventualmente tomaría un número de imágenes bajo el agua sin precedente del evanescente casquete polar, y cientos de observaciones científicas relacionadas con la fisiología humana y el cambio climático global. No obstante, al llegar a las coordenadas 89°19’ Norte, Bardout se dio cuenta de que el reto más grande e inmediato del equipo sería adaptarse al medio polar.

Habían planeado su llegada a fines de marzo para aprovechar la transición del invierno al verano en el Ártico, cuando el hielo todavía es grueso, hay visibilidad en el océano y el sol, al ya haber rebasado el horizonte, está cada día más a lo alto en el cielo. Pero en el Ártico la primavera es impredecible y poco después de que el grupo había partido con sus pulks —o trineos flotantes— atiborrados de equipo, sus esfuerzos fueron paralizados por una temperatura del aire de -40°C (-40°F), inclusive mientras intentaban su primer buceo.

«Esos primeros días fueron un infierno», recuerda Bardout. «Aunque sabíamos que haría un frío terrible, fue un shock de cualquier manera. El frío penetraba todas las capas de ropa que llevábamos puesta y nos calaba los huesos. Las quemaduras por frío se convirtieron en un enemigo constante».

Las condiciones eran simplemente muy difíciles. No es que nuestro equipo fuera defectuoso, pero todo se estaba descomponiendo.Ghislain Bardout

Dos trineos ensamblados cruzan como una balsa una abertura entre el hielo y el océano mientras que el líder de equipo y el operador subacuático Ghislain Bardout filman la escena desde el fondo.

Para empeorar las cosas, el equipo que llevaban comenzó a romperse casi de inmediato, ya que el intenso frío hacía que el metal se partiera, el plástico se hiciera pedazos y que el mecanismo más simple dejara de funcionar correctamente. El equipo, que había sido sometido a pruebas rigurosas en el hielo marino del norte de Finlandia, se convertía en algo tan frágil como el vidrio en el Polo Norte.

En una de las primeras inmersiones bajo el hielo, el traje seco de Emmanuelle Périé, la única mujer de la expedición, comenzó a llenarse de agua helada, debido al hielo acumulado en la purga de su traje. Y eso fue solamente el principio.

«Imagina lo que implica tratar de secarse y subir la temperatura del cuerpo a un nivel sostenible cuando el viento helado es de -45°C», Périé explica, al recordar los primeros momentos frenéticos después de salir a la superficie, cuando el grupo puso en práctica su entrenamiento para resolver la crisis. «Después, mientras estábamos secando la ropa en el tubo de escape de nuestro generador, mi parka comenzó a incendiarse. No me hizo sentir nada bien observar como la pieza de ropa más importante para protegerme del frío se llenó de hoyos en un abrir y cerrar de ojos. Eso fue el tipo de problemas que tuvimos que enfrentar desde el primer día. Fue una locura».

Después de cada sumersión, les tomaba horas deshacerse del hielo que se había acumulado en los reguladores, en el equipo fotográfico y demás instrumentos utilizados bajo el agua. «Los únicos instrumentos de buceo que funcionaron bien todo el tiempo», agrega Périé, fueron sus relojes Rolex —el modelo Oyster Perpetual Rolex Deepsea.

Con varias expediciones árticas en su haber, Bardout supo reconocer las señales de peligro. Propuso cancelar las inmersiones hasta que los miembros del grupo pudieran recobrar el ritmo y adaptarse a las condiciones extremas. Así fue como durante los diez días siguientes, el grupo esquió, acampó, reparó el equipo que se había dañado, y se encaminó hacia el sur sobre el hielo en movimiento, mientras aprendían sobre el medioambiente polar y ponían a prueba sus niveles de resistencia con siete u ocho horas diarias esquiando sobre el hielo.

«Creo que esa fue probablemente la decisión más importante que tomamos», afirma Bardout. «Las condiciones eran simplemente muy difíciles. No es que nuestro equipo fuera defectuoso, pero todo se estaba descomponiendo —cámaras, cables, esquíes, equipo de iluminación. Algo como eso tiene que afectar. Estábamos bien entrenados, pero yo sabía por experiencia que esos primeros 10 o 12 días podían hacer o deshacer la expedición. De no haber podido tomar control de la situación, la nuestra podría haber llegado a ser un desastre».

Cancelar temporalmente las sesiones de buceo también significó la oportunidad de desarrollar la camaradería entre los miembros del grupo. Además de Bardout, el líder de la expedición de 30 años, y su pareja Périé, 31, capitana e instructora de buceo, el equipo también incluyó a Benoît Poyelle, 32, ingeniero oceanográfico y fotógrafo; Alban Michon, 32, especialista en buceo a cargo del equipo submarino; Samuel Audrain, 31, buzo profesional y mecánico marino; Clément Infante, 25, alpinista; Vincent Berthet, 28, operador de cámara; Pascal Rey, 34, montañista y especialista en emergencias médicas; y, por último, Kayak, un perro siberiano de un año, blanco como la nieve del Ártico, cuya tarea fue servir como perro guardián para advertir la presencia de osos polares. La miembro de apoyo del equipo, Valentine Ribadeau Dumas, permaneció en la Bahía Resolute como el contacto principal del equipo explorador.

Esperar 10 días para reiniciar las sesiones de buceo también tuvo el propósito de esperar a que el clima se calentara un poco, aunque en un inicio, la volatilidad de la primavera ártica hizo que las cosas empeoraran en vez de mejorar.

A principios de abril, por ejemplo, la temperatura del aire se elevó de -40°C (-40°F) a -1°C (-30,2°F) en un periodo de 24 horas —un cambio bien recibido— pero el clima cambiante trajo vientos huracanados que hizo estragos en el campamento durante dos días seguidos y transformó un terreno de hielo relativamente plano en un caótico amontonamiento de bloques de hielo del tamaño de edificios pequeños, señalados por aperturas (fisuras) que exponían el mar. Otro ventarrón empujó el témpano de hielo en el que se encontraban más de 30 kilómetros (18 millas) hacia el oeste, y generó más irregularidades y elevaciones por compresión, lo que retrasó por días el avance hacia su destino. Las condiciones eran tan caóticas que el avión de reabastecimiento no pudo aterrizar y se vio obligado a lanzar las provisiones en paracaídas y lejos del campamento, con el objetivo de evitar las aperturas que exponían el mar.

No obstante, el clima eventualmente mejoró —junto con la habilidad de los miembros del grupo para trabajar en equipo— a tal punto que Bardout decidió que las sesiones de buceo podían reiniciarse. Fue entonces cuando la expedición encontró su ritmo y propósito.

Esta vez, las inmersiones se llevaron a cabo sin contratiempos. Durante cada cambio de lugar para encontrar otro sitio para bucear, el grupo esquiaba y jalaba sus trineos sin descanso por varios días, en algunas ocasiones viéndose obligados a andar sobre los bloques de hielo, y recorrer con mucho esfuerzo de 8 a 10 kilómetros (5-6 millas) antes de poder establecer un nuevo campamento en donde pasar la noche. En los días de buceo, llevaban a cabo una inmersión por la mañana, utilizando un hoyo que cortaban a través del hielo para tener acceso al mar. Más tarde organizaban el almuerzo, seguido por otra inmersión durante las últimas horas de la tarde y, por lo general, en un nuevo lugar.

Gradualmente, mientras la expedición avanzaba hacia el sur sobre el témpano de hielo, los fotógrafos fueron creando un sorprendente registro visual del manto de hielo visto desde abajo, mientras que otros miembros del equipo recolectaban datos científicos, en la superficie y bajo el agua.

En colaboración con la asociación Géo Scaph, el equipo midió los efectos del mar Ártico en la fisiología humana, especialmente en la temperatura del cuerpo, mediante la ingestión de píldoras «radio», antes de cada inmersión, para monitorear las reacciones del cuerpo. Y para entregar al climatólogo Christian Haas, de la Universidad de Alberta en Canadá, el grupo recolectó datos sobre el grosor de la nieve, y trazaron medidas de densidad y flotabilidad relacionadas al grosor del propio casquete de hielo.

Durante las semanas que pasaron en el Ártico, los miembros de la expedición también documentaron varias señales que apuntan al cambio climático global, incluyendo el derretimiento del fondo del casquete polar, un proceso que ha resultado en una capa de hielo notablemente más delegada y vulnerable que hace tan solo un par de años atrás, según afirman Bardout y Périé. La pareja ya había visitado el polo en 2007 y 2008.

Hoy observamos imágenes de mar expuesto en el Polo Norte a comienzos de la primavera, y osos polares viéndose obligados a nadar grandes distancias, y eso no es normal. El casquete polar se derrite frente a nuestros ojos y no se está recuperando.Ghislain Bardout

Su impresión fue confirmada por el meteorólogo Wayne Davidson, quien ha monitoreado los cambios del témpano de hielo Ártico desde su base en la Isla de Ellesmere, desde 1985. De acuerdo a Davidson, el grosor del hielo Ártico ha disminuido de manera notable desde 1998, teniendo como resultado un incremento alarmante de las temperaturas de la superficie.

«El hielo se derrite cuando sale el sol —y se trata de un fenómeno natural», agrega Bardout. «Ha ocurrido en el Ártico todas las primaveras desde hace miles de años. Sin embargo, hoy observamos imágenes de mar expuesto en el Polo Norte a comienzos de la primavera, y osos polares viéndose obligados a nadar grandes distancias, y eso no es normal. El casquete polar se derrite frente a nuestros ojos y no se está recuperando. Lo que vimos y filmamos durante la expedición fue que gran parte del derretimiento ocurre en el fondo del manto de hielo, no en la parte superior, que es lo que la mayoría de la gente puede ver. Pude verlo con mis propios ojos».

El equipo formado por ocho personas.

Para el equipo, el paisaje polar se hizo más difícil y traicionero con el paso de los días, ya que las elevaciones de hielo se acumulaban y el sol de abril comenzaba a derretir el hielo y la nieve. Pronto, quedó claro que la expedición no iba a poder hacer las paradas de buceo y, a la vez, llegar a la costa de la isla de Ellesmere por tierra, como lo habían planeado. Enfrentados al prospecto de abandonar las inmersiones, una parte esencial del viaje, el grupo decidió en contra de renunciar a todo para poder llegar a la costa. Así es que utilizaron el resto del tiempo que les quedaba para explorar la superficie y el fondo del manto polar; un proceso que los llevó a reunir la colección de fotografías más exhaustiva que se ha conseguido en la historia.

El equipo completó 51 inmersiones en total, y probablemente todavía estarían buceando si las condiciones no se hubieran deteriorado aún más. Para la tercera semana de abril, las temperaturas habían llegado a entre 10 y 15 grados por encima de lo normal, y el hielo se estaba derritiendo rápidamente —«fragmentándose en pedazos más y más cada día», escribió Bardout, al anunciar la decisión de terminar la expedición antes de lo planeado. «Hemos estado escuchando el ruido del hielo quebrándose mientras buceamos y también por la noche, cuando estamos dentro de las tiendas de campaña. Es posible sentir la presión del hielo cediendo. Uno siente miedo».

Al primer cambio favorable del clima, el grupo fue rescatado por aire del delgado hielo junto con Kayak y todo el equipo. Tras haber sido llevados a la isla de Ellesmere y después a Francia, donde Bardout y Périé planearían su próxima expedición, la cual incluiría inmersiones más duraderas y profundas, para fotografiar y evaluar el estado de hielo del mar polar y su biodiversidad, más cerca del noroeste de la costa de Groenlandia; en donde cazadores esquimales dependen del ciclo lento de las estaciones, y de una capa gruesa de hielo, para sobrevivir.

«El medio submarino bajo el hielo marino es casi totalmente desconocido», afirma Bardout, al explicar su pasión por las entrañas del Ártico. «Existen relativamente pocas imágenes del lugar que sean del dominio público, y la mayoría de ellas fueron tomadas en el mismo lugar, muy cerca de bases logísticas con campos de aviación. Pero el hielo es diferente en cada lugar del Ártico, y el paisaje submarino cambia enormemente de un lugar a otro. Solamente deseamos mostrar la belleza de este mundo que está desapareciendo».

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