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Rastreadores indígenas

Los rastreadores indígenas educan a los científicos sobre la vida salvaje
(CNN) — Los científicos se han vueltos expertos en rastrear a distancia la vida salvaje. Como por ejemplo, el sistema de seguimiento global Icarus. Los datos que abarcan desde la ubicación del animal hasta su temperatura corporal estarán pronto disponibles fácilmente gracias a diminutos transmisores portátiles que envían señales a una antena en la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, todavía queda algo por decir de las tropas que están en tierra.

Vídeo de Michael Cross, historia de Tom Page
Fecha de publicación: julio de 2020icon-clockTiempo de lectura: 2 min 25 s

Pocos pueden asegurar tener un conocimiento tan profundo de su tierra y su fauna como los rastreadores bosquimanos del Kalahari, una gran región semiárida que alcanza partes de Botsuana, Namibia y Sudáfrica. Miles de años de experiencia en caza y recolección se han transmitido de una generación a la siguiente.
Se trata de un acervo de conocimiento valioso que a menudo la ciencia pasa por alto, discute Louis Liebenberg. Durante más de 20 años, Liebenberg, un adjunto en biología evolutiva de la raza humana en la Universidad de Harvard, ha conectado a grupos indígenas de bosquimanos en Namibia con científicos de todo el mundo. Y mucho antes de la aparición de las redes sociales, lo hizo con una aplicación.
Como director ejecutivo de CyberTracker Conservation, el sudafricano desarrolló un programa de software libre que permite a los rastreadores de animales en el Kalahari compartir conocimientos y crear mejores estadísticas sobre biodiversidad. A cambio, los rastreadores son remunerados por su trabajo, convirtiendo una forma de vida en una vocación.

«Tenemos este enorme concentrado de experiencia y conocimiento encerrado dentro de los rastreadores indígenas, y sin embargo no pueden transmitir ese conocimiento y sus observaciones a la comunidad científica», cuenta Liebenberg a CNN.

«Los han marginado por varias razones», explica. «Las comunidades indígenas han perdido su poder y sus tierras debido a las fuerzas coloniales que les han negado la ciudadanía, pero también por el prejuicio científico, la idea de que las comunidades indígenas no practican ciencia de verdad».
«Los científicos profesionales tienen tanto que aprender de los rastreadores indígenas como estos tienen que ganar trabajando con ellos», añade.

CIEN MIL AÑOS DE EXPERIENCIA

Los rastreadores pueden a menudo registrar especies que no es posible con otros métodos. El reconocimiento desde un avión funciona para animales de gran tamaño, pero no para las especies más pequeñas. Y si una especie habita en un bosque, como el kudú —un tipo de antílope—, no va a ser detectado desde un avión.
En el Kalahari, miembros de los bosquimanos llevan smartphones, utilizando una interfaz con iconos para registrar lo que encuentran, tanto ubicaciones donde han escuchado y visto vida salvaje como avistamientos de huellas y heces de animales, basado en un consenso grupal.

El sistema incluye a personas analfabetas y, como señala Liebenberg, es más rápido que un registro con base textual. Los rastreadores suben los datos de geolocalización y de las especies a un portátil que funciona con energía solar y los envían a Liebenberg. A cambio reciben una remuneración.
Los rastreadores son dueños de esta información y pueden compartirla con las personas de la comunidad científica que deseen, cualquier artículo científico que se base en sus datos estará por lo tanto escrito en colaboración con los rastreadores, afirma Liebenberg.
Al monetizar las habilidades de rastreamiento, reciben un sustento. El rastreamiento ha existido durante más de 100 000 años en el Kalahari, estima Liebenberg, pero cuando realizó un estudio en 2018 en los casi 9000 metros cuadrados del Nyae Nyae Conservancy en Namibia, solo quedaban 15 cazadores de arco y flecha activos en comparación a los 37 de 2016.

El rastreador bosquimano Dam Debe tiene 45 años y lleva rastreando el Kalahari desde antes de ser adolescente. «Me hace feliz que mis datos estén publicados», cuenta a CNN.
«CyberTracker ha mejorado mi vida», añade. «El dinero que recibo me ayuda a mantener a mis hijos, mandarlos al colegio y comprarles ropa».
Dam indica que el colegio es importante para la generación futura, pero también lo son las habilidades rurales. «Si abandonamos nuestra cultura, todo se derrumbará», declara.

«Desde un punto de vista meramente del patrimonio cultural, creo que es imprescindible que desarrollemos un programa que mantendrá vivas esas habilidades», dice Liebenberg.
A través del proyecto de certificación de rastreador Master Tracker del CyberTracker y el creciente interés de los jóvenes, Liebenberg tiene la esperanza de que en los próximos años existan más de 50 rastreadores activos en Nyae Nyae.

«LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA ES ESENCIAL»

Desde su lanzamiento inicial en 1997, la aplicación ha evolucionado y emigrado más allá del sur de África. Con más de medio millón de descargas en más de 200 países, indica su creador, en Australia han utilizado la aplicación los rastreadores indígenas, en Canadá se ha usado para la gestión de tierras, en Nueva Zelanda para estudios de doctorado sobre el delfín de nariz de botella, en la Antártida para el seguimiento de ballenas y en el Pacífico para la investigación de tortugas.
«Las personas suelen sobrestimar lo que la tecnología puede hacer a corto plazo, y suelen subestimar lo que puede hacer a largo plazo», afirma Liebenberg. En cuanto a la biodiversidad enfrentada al cambio climático y a la extinción masiva, declara que «simplemente no existe una solución técnica rápida». Sin embargo, «la innovación científica y tecnológica es absolutamente imprescindible para solucionar los problemas a los que nos enfrentamos».
«Confío en que salga bien, pero me espero lo peor», añade. «De esta forma, estás motivado para hacer realmente algo al respecto, y si consigues hacerlo, entonces el futuro optimista puede convertirse en realidad».

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