Haciendo historia con Rolex

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La historia de Rolex está íntimamente relacionada con el el logro humano. Hans Wilsdorf, fundador de la marca, vio un beneficio mutuo en equipar con un reloj Oyster a personas que han batido un récord: la primera de una larga lista de atletas y exploradores fue Mercedes Gleitze, la primera mujer británica en cruzar el canal de la Mancha a nado.

En 1927, una joven secretaria británica llamada Mercedes Gleitze ocupó un peldaño en los anales de la historia de la relojería con una proeza deportiva que dio a conocer al mundo el primer reloj hermético. La joven de 26 años de edad cruzó el canal de la Mancha a nado, acompañada de un Oyster que fue sometido a más de diez horas en las frías aguas que separan a Francia de Gran Bretaña. Al concluir el nado, se determinó que el reloj hermético continuaba funcionando perfectamente.

Fue la primera mujer inglesa en completar el difícil nado; una hazaña que en su época se había alcanzado tan solo unas cuantas veces y que fue celebrada ampliamente por el público. El fundador y director de Rolex, Hans Wilsdorf, festejó el evento histórico con un anuncio a página completa en la primera plana del periódico Daily Mail de Londres, en donde se proclamaba el éxito del primer reloj de pulsera hermético, y en el que se reportaba el debut del Oyster y su «marcha triunfante triunfal por todo el mundo». Mercedes Gleitze se convirtió así en la primera Testimonial Rolex, un símbolo del éxito que también demostraba las cualidades del nuevo reloj en acción.

Fue un momento decisivo. Aunque el reloj de pulsera hoy en día no parece nada nuevo, hace cien años el reloj de bolsillo era la norma. El reloj práctico promovido por Rolex le debe su éxito al meticuloso desarrollo de la impermeabilización.

Mercedes Gleitze, 1927.

El origen de la impermeabilidad

Cuando, a principios del siglo XX, los hombres comenzaron a usar relojes en la muñeca en vez de en los bolsillos, enseguida quedó claro que esos nuevos instrumentos de medición del tiempo estarían sometidos a una vida mucho más dura. Los relojes de bolsillo permanecían guardados la mayor parte del tiempo dentro de la ropa y a salvo de la lluvia y la humedad, así como del ajetreo de las calles polvorientas y los golpes a consecuencia de estilos de vida activos. El reloj de pulsera, mucho más vulnerable y menos preciso, era simplemente una versión más pequeña de su alter ego más grande, y era considerado por la mayoría de la gente como un artículo frágil de la moda femenina.

Estas desventajas no pasaron desapercibidas al fundador de Rolex, quien afirmó que el reloj de pulsera de la época era motivo de burla entre los hombres. A pesar de ello, Hans Wilsdorf —joven y astuto hombre de negocios que era— pensó que era justo lo que la dinámica vida del siglo XX y el surgimiento del deporte como pasatiempo necesitaban. Por ello, decidió jugarse el futuro de una manufactura que, fundada en 1905, apenas comenzaba a despegar, y apostó por el reloj de pulsera. En un esfuerzo por perfeccionarlo, Hans Wilsdorf lideró el desarrollo del reloj hermético y, para dar a conocer al público esa nueva característica, se dio a la tarea de diseñar campañas publicitarias innovadoras.

Wilsdorf —joven y astuto hombre de negocios que era— pensó que era justo lo que la dinámica vida del siglo XX y el surgimiento del deporte como pasatiempo necesitaban.

El Submarine, 1922. Primer intento de Rolex para conseguir un reloj de pulsera a prueba de agua con una segunda caja exterior.

El «Submarine» emerge

En 1910, la precisión de un pequeño Rolex de pulsera igualaba a la de un reloj de bolsillo. Sin embargo, Hans Wilsdorf comprendió que el complejo mecanismo del nuevo reloj solamente sería fiable si podía ser protegido por una caja sellada herméticamente que lo mantuviera libre de humedad y polvo. En 1914, el mismo año en que uno de sus relojes obtuvo el certificado de clase «A» del Observatorio de Kew —la distinción más prestigiosa de la relojería en la época— Hans Wilsdorf escribió: «Tenemos que conseguir crear un reloj hermético». También afirmó que el polvo era «nuestro mayor enemigo» y estableció algunas de las características inherentes al ADN de Rolex.

En 1922, Rolex presentó, con el Submarine, su primer intento de un reloj hermético. Resultó ser un diseño poco práctico que dependía de una segunda caja exterior para proteger al cuerpo principal del reloj. Esa caja exterior debía abrirse todos los días para darle cuerda al reloj, lo que eventualmente debilitaba a las juntas que sellaban la apertura.

A pesar de eso, Hans Wilsdorf estaba convencido que el concepto transformaría la industria de la relojería.

El nacimiento del Oyster

Tan solo unos cuantos años más tarde, en 1926, Rolex ya había lanzado el reloj hermético que establecería la reputación de la manufactura suiza, el mismo reloj que usó Mercedes Gleitze. Se le denominó Oyster, porque estaba cerrado como la concha de una ostra y era capaz de sobrevivir bajo el agua. Dos innovaciones técnicas muy importantes permitieron crear la caja de un reloj de pulsera que impedía la entrada de agua: un fondo enroscado a la caja y un bisel (también enroscado), así como una corona de rosca recientemente patentada. El usuario podía enroscar la corona para sellar la caja. Rolex había inventado el reloj hermético, anunciado como «el reloj milagro». Mercedes Gleitze lo comprobó. Cuando el Oyster se exhibía dentro de un acuario o pecera, en las vidrieras de tiendas de joyería, para demostrar su resistencia al agua, dejaba a los transeúntes maravillados. Fue ahí cuando Rolex preparó el camino para el estrecho vínculo de Rolex con el mundo submarino.

Portada del Daily Mail, 1927.

La caja de reloj sellada

Los relojes de pulsera Rolex se convirtieron en sinónimo de fiabilidad, gracias también a la perspicacia publicitaria de Hans Wilsdorf. El reloj Oyster, de acuerdo a la publicidad de la época, «desafiaba a los elementos» y podía ser usado en todas partes, al ser resistente al polvo, agua, sudor, calor, frío, e incluso nieve. El director de Rolex se dedicó a corroborar esas afirmaciones.

Mientras sus relojeros se dedicaban fervorosamente a perfeccionar la precisión, Hans Wilsdorf aseguraba que la fiabilidad e impermeabilidad del Oyster habían sido demostradas bajo condiciones cada vez más severas. En la década de los años treinta, los ingenieros de Rolex inventaron y patentaron una maquinaria para someter al reloj a pruebas de impermeabilidad durante el proceso de manufactura. Cada vez más exploradores y pioneros utilizaban los relojes de pulsera para llevar a cabo pruebas de resistencia bajo situaciones reales y en medios hostiles.

El reloj de pulsera Rolex también adoptó la forma básica y las características que hoy son parte de los modelos Oyster. El nuevo y revolucionario mecanismo de cuerda automática por rotor Perpetual era capaz de aprovechar la energía de cada movimiento de la muñeca para darle cuerda al reloj. Con este invento se mejoró la impermeabilidad del reloj, al no ser necesario desenroscar la corona todos los días. 

Una clave para la exploración

La búsqueda constante de innovaciones tecnológicas abrió el camino para el desarrollo del Oyster Perpetual en los años siguientes. El advenimiento del buceo y la exploración de las profundidades marinas, dieron forma, en 1950, al nuevo e icónico modelo Submariner. La colaboración con Auguste Piccard —el inventor del batiscafo, un sumergible tripulado—, y con su hijo Jacques, sometería al reloj experimental Oyster a la máxima prueba de resistencia, durante una inmersión en el batiscafo Trieste en 1960. Menos de cuarenta años después de establecer un nuevo estándar de resistencia, cuando un reloj de pulsera Rolex fue sometido a las aguas de la superficie del canal de la Mancha, había llegado el momento de sumergirlo a las profundidades abismales del océano.

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