Sir Francis ChichesterLa hora de las inmensidades del mar

Fecha de publicación: 2015
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Sir Francis Chichester representa perfectamente el espíritu audaz propio de los apasionados del océano. Este navegante dejó su huella en la historia de la vela realizando en 1966-1967 una vuelta al mundo en solitario que ha inspirado muchas vocaciones de patrón. Entre sus instrumentos de navegación figuraban un sextante y un Cronómetro Oyster Perpetual de Rolex.

por Pierre Chambonnet

El 28 de mayo de 1967, Francis Chichester llega a la bahía de Plymouth a bordo del Gipsy Moth IV, tras haber dado la vuelta al mundo en solitario de oeste a este.

Brisa favorable del sudoeste y mar en calma. Esa tarde en el puerto de Plymouth la multitud sí que está agitada. En los muelles de la ciudad inglesa, 250 000 almas alborozadas se han reunido este día histórico. En la ensenada, 300 barcos hacen sonar todas sus sirenas para rendir homenaje a un maestro del mar. En medio del gentío, que le observa con avidez, un caballero de aspecto enclenque se muestra atareado, impasible, sobre la cubierta de un velero blanco de pintura desconchada. Dieciséis metros de caoba vuelven de las inmensidades del mar. Y dos mástiles, aún en pie, con velas recubiertas de suturas.

3 cabos. La primera circunnavegación en solitario rodeando los tres grandes cabos: Hornos, Leeuwin y Buena Esperanza.

Un golpe de timón a estribor, el queche vira por avante. En el momento de concluir su odisea, la frágil silueta arría una a una las cuatro velas, con el respeto con el que se arría una bandera. Fin del viaje. Este 28 de mayo de 1967, sir Francis Chichester se ha convertido en el primer hombre en dar la vuelta al mundo de oeste a este en solitario a bordo de un barco de vela, con una sola escala. En total, 54 850 kilómetros y 226 días en el mar. Es el más rápido, hasta la fecha, en la cumbre de este Everest de los mares. En el cabo de Hornos afrontó ráfagas de viento de hasta 185 km/h y olas de 15 metros. ¿Sus herramientas de navegación esenciales a bordo? Tablas náuticas, un sextante y un reloj. Un Rolex Oyster Perpetual.

Tras pasar 226 días en el mar y recorrer 54 850 kilómetros en la ruta de los clippers, Francis Chichester recibe una acogida triunfal. En su muñeca: un Rolex Oyster Perpetual.

EL VIEJO Y EL MAR

Al abordar la tradicional ruta de los clippers por los grandes cabos de los mares del sur –Buena Esperanza y Hornos a babor–, el navegante británico acaba de cubrir la distancia en un tiempo apenas inferior al empleado por los grandes veleros del siglo precedente, que transportaban lana australiana, níquel canaco y hasta té chino. Él solo a bordo del Gipsy Moth IV, un queche previsto en teoría para una tripulación de ocho personas, alcanzó la ilustre clase de tres y cuatro mástiles, barcos ultrarrápidos maniobrados por una cincuentena de hombres...

Y algo aún más difícilmente concebible: este inglés que acaba de batir varios récords importantes tiene 65 años. Esta prueba, en solitario, habría agotado a cualquier otra persona con la mitad de su edad. Chichester, además, había empezado a navegar menos de diez años atrás. Este hombre hecho a sí mismo que había ejercido todos los oficios o casi –agente inmobiliario que se convertiría en aviador, carnicero que se convertiría en navegante– dirigía una sociedad de cartografía antes de levar anclas.

La revista estadounidense Life celebra la hazaña de Francis Chichester consagrándole su portada del 9 de junio de 1967, tras haber completado 12 días antes la primera navegación en solitario con velero, rodeando los tres grandes cabos: el cabo de Buena Esperanza, el cabo Leeuwin y el cabo de Hornos.

Ocho años antes ya había superado un temible obstáculo, reponiéndose de una larga enfermedad que casi se lo lleva. «Un impulso irresistible» lo lleva a embarcarse solo en esta circunnavegación, unas ganas de aventura tan potentes como los vientos de los mares del sur. Algunas semanas después de su regreso y con la espada que había servido para ennoblecer al corsario Francis Drake cerca de cuatrocientos años antes, la reina nombrará caballero a Francis Chichester por su logro.

No podía evitar los nervios al acercarme a tierra fiándome de la navegación astronómica. […] Supongamos hubiera un error importante en las observaciones astronómicas, la lectura del sextante, o en la medida del tiempo, de mi reloj, de las tablas, del almanaque...

Francis Chichester
Gipsy Moth circles the world

UN OYSTER PERPETUAL COMO GUÍA

Sir Francis, el más grande de los navegantes de su generación, es un héroe de otro tiempo. Un tiempo en que no había sofisticados dispositivos electrónicos a bordo: ni radar, ni GPS, ni teléfono vía satélite. La navegación se llevaba a cabo esencialmente con el sextante y el reloj. Para tener éxito en su aventura, era vital para él poseer un instrumento de medida del tiempo preciso, fiable y robusto, sin el cual hubiera navegado ciego, incapaz de determinar su posición exacta. Con su Oyster en la muñeca y el sextante en la mano, Francis Chichester estaba bien equipado para orientarse en el mar. El ejercicio exigía definir la hora con una precisión extrema, gracias a un cronómetro de marina situado en el interior del barco, cerca de la mesa de cartas. Para la navegación en solitario, los navegantes preferían llevar la hora permanentemente con ellos, para no tener que desplazarse desde la cubierta hasta la cabina (del sextante al cronómetro) y arriesgarse a obtener una lectura imprecisa de la posición.

Después de dar la vuelta al mundo, el Rolex Oyster Perpetual de Francis Chichester está en perfecto estado de funcionamiento. Su boletín de revisión indica: «Estanqueidad excelente, amplitud del volante normal. […] Movimiento limpio y en buen estado».

El hecho de que Francis Chichester eligiera un Rolex, uno de los signos distintivos de los grandes profesionales del mar, no carece de importancia. Unos cincuenta años antes de su vuelta al mundo, en 1914, el Observatorio de Kew, en Gran Bretaña, había concedido por primera vez el prestigioso certificado de cronómetro de clase «A» a un reloj de pulsera. Un Rolex. Hasta entonces, el exigente certificado, prueba de máxima precisión, había estado reservado a los imponentes cronómetros de marina. Al menos a aquellos que superaban las pruebas, extremadamente rigurosas y exigentes. Gracias a su logro, Rolex se convertiría en el mayor fabricante del mundo de relojes de pulsera con certificado de cronometría, instrumentos con la precisión necesaria para navegar por el mar y de una fiabilidad legendaria, protegidos por la caja hermética Oyster. «Durante mi viaje alrededor del mundo a bordo del Gipsy Moth IV, mi reloj Rolex sufrió en numerosas ocasiones golpes violentos, sin resultar dañado –escribió Chichester en una carta en 1968–. No puedo imaginarme un reloj más robusto. Cuando lo utilizaba para establecer mi posición en el mar con ayuda de mi sextante a menudo sufría las sacudidas y mojaduras de las olas que rompían sobre la cubierta, cosa que nunca pareció afectarle». Este reconocimiento cobra todavía más valor al venir de un hombre discreto, encarnación misma del understatement británico.

Con su Oyster, sir Francis Chichester llevó a cabo una gran hazaña. ¡Y además con estilo! Como esta tarde de septiembre, en pleno océano Atlántico. Bien afeitado, como todas las mañanas, el navegante celebra en solitario sus 65 años, vestido de esmoquin y bebiendo champagne. En su muñeca, el Rolex que le acompaña sobre la cubierta y bajo la bruma y que no le ha fallado nunca.

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