Sir David Chipperfield y Simon KretzUna arquitectura de pensamiento

Fecha de publicación: 2018clockTiempo de lectura: 2m50s
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En lugar de colaborar en un edificio durante el año de mentoría, Sir David Chipperfield y su discípulo suizo Simon Kretz decidieron investigar cómo la planificación da forma a una ciudad y pone voz a las aspiraciones de sus ciudadanos.

por Edwin Heathcote Enero de 2018
  • Sir David Chipperfield
  • Simon Kretz

David Chipperfield y Simon Kretz pasean por las calles de Shoreditch, Londres. Los transeúntes se detienen para mirar cómo graban a la pareja mientras charlan, algunos parece que reconocen al mayor de los dos personajes trajeados pero sin corbata. No es del barrio, pero Sir David Chipperfield es uno de los arquitectos más populares de Gran Bretaña, y ha diseñado edificios aclamados a nivel internacional en lugares como Ciudad de México, San Luis, Wakefield o Tokio. El otro arquitecto, más delgado y joven, es Simon Kretz, urbanista, profesor y ahora paseante en Shoreditch.

Hace una generación, estas calles eran como una tierra de nadie, una zona marginal de edificios industriales abandonados y arcos ferroviarios en ruinas. En la actualidad ese estoicismo urbano se ha mercantilizado salvajemente. Los grafitis en las moles de ladrillo de una existencia anterior sirven ahora de telón de fondo para un incontenible mercado inmobiliario a la hora de promover la autenticidad del barrio.

La City de Londres está avanzando furtivamente hacia el este, envolviendo a Shoreditch, mientras la floreciente economía digital coloniza al mismo tiempo la zona, adueñándose de los áticos y los almacenes habitados por los diseñadores, artistas y arquitectos que primero detectaron su potencial. Esta agitación, y la situación de la zona como frontera entre las economías creativas y disruptivas y los mercados mundiales del capital, le confieren una emoción especial, una sensación de que aquí siempre ocurre algo. Y en su centro hay un agujero enorme, un lugar antiguamente ocupado por Bishopsgate Goodsyard, las antiguas instalaciones ferroviarias que se han ido deteriorando en un barrio transformado por lo demás en un bien de inversión.

Kretz y Chipperfield están recorriendo a pie las calles porque esta ruptura en el tejido urbano es el lugar que han elegido para su colaboración. La mayoría de los arquitectos habrían elegido trabajar en un edificio que pudiera construirse y mostrarse, algo tangible. Kretz y Chipperfield han optado por algo más intelectual, más político, que tiene el potencial de lograr un impacto enorme. Es lo que llamaríamos arquitectura lenta. Han elegido trabajar de manera teórica, pero con una pieza real de la ciudad, para examinar las propuestas presentadas para este trozo de paisaje y cómo pueden cambiarse los procesos, la legislación y las fuerzas del capital que han causado esta situación.

«La arquitectura», dice Kretz, «es un proceso lento. La construcción de un edificio puede durar siete u ocho años, desde su inicio hasta la finalización. Solo tenemos unos meses, así que pensamos en cómo podíamos aprovechar al máximo ese tiempo. Y lo hicimos pensando sobre la manera en la que funciona la ciudad. Se trata realmente de la complejidad de la ciudad. Se trata del momento en que desenmarañas esa complejidad».

En cierta medida, su proyecto es una comparación entre la planificación en el Reino Unido y en Suiza, pero si bien esto suena muy especializado y tecnocrático, esa no es para nada la intención. «Queríamos fijarnos en la planificación urbana», cuenta Chipperfield, «y entender cuáles de sus aspectos son culturales o económicos. Queríamos entender si parte de ese conocimiento es transferible. Los suizos se sitúan en un extremo, muy serios, tienen un gran sector público y la planificación es una carrera respetable y respetada. En Londres el sector privado lleva la voz cantante y la planificación es reactiva. ¿Han producido alguno de estos sistemas una gran arquitectura? ¿Qué ha hecho de Londres una ciudad de moda?»

Comparar los dos sistemas propicia que Kretz pueda ser tratado como igual, a pesar de sus experiencias tan diferentes. Si bien una mentoría puede verse afectada por la gran asimetría entre los individuos, la estrella y el estudiante, en este caso cada arquitecto representa a su respectiva cultura, pero los dos intentan aprender del otro.

El joven arquitecto suizo nació en Friburgo, estudió en la reputada ETH de Zúrich (en la que actualmente es profesor) y dirige dos experimentos prácticos, uno de ellos basado en la planificación. Chipperfield lidia con la planificación todos los días de su vida laboral, pero como un arquitecto que intenta intervenir en las ciudades en todo el mundo. Entre ellos, en algún lugar, hay una visión sincrética de cómo funciona el sistema, y cómo podría funcionar mejor.

Queríamos fijarnos en la planificación urbana y entender cuáles de sus aspectos son culturales o económicos.

«Usamos Bishopsgate», cuenta Kretz, «para ver si se podía aplicar un sistema suizo a Londres, y en caso de poderse, cómo se mediría utilizando los criterios de aquí. ¿Sería económicamente viable? No queríamos decir que los suizos son mejores, sino más bien, ¿qué se puede aprender de cómo hacen las cosas?»

Tanto Chipperfield como Kretz desean insistir en que si bien parece una empresa ligeramente tecnocrática, en el fondo lo importante son las personas y las comunidades. «La planificación», nos dice Kretz, «y su ejecución ejercen una profunda influencia en la forma física y social de las ciudades y en nuestra manera de vivir y percibir nuestro entorno cotidiano. La planificación es el ADN de las ciudades. Incluso la no planificación es una forma de planificación».

La colaboración empezó en la época en la que el Reino Unido decidió abandonar la Unión Europea, parece ser que debido a un sentimiento de distanciamiento del poder, una brecha encarnada por Bruselas. Cuando los dos arquitectos se conocieron, en otoño de 2016, el impulso del momento dio forma a las conversaciones iniciales sobre qué se podía hacer para que los ciudadanos participaran más en los procesos que conforman los rápidos cambios en las ciudades.

A lo largo del proceso, los arquitectos desarrollaron un vínculo, hablando sobre cómo podrían mejorarse las cosas en ambos países. ¿Cómo considera Chipperfield su función como mentor? «Bueno, ¿cómo se enseña a un discípulo? Normalmente es una relación entre un maestro y un estudiante, pero esto es algo más y, en mi experiencia, las mejores relaciones son siempre las que se basan en el debate mutuo: ¿qué terreno común podemos encontrar?»

«En cierta medida puede ser más fácil en una actuación; por ejemplo en la música o la danza, en las que hay una actuación conjunta. En nuestro caso se parece más a la relación entre cineastas, en la que cada uno visita el plató del otro».

Kretz está de acuerdo, y cuenta cómo está siguiendo el proyecto « a través de sus estudiantes en la ETH, para que las preguntas y las ideas «puedan propagarse por el mundo de los estudiantes suizos y desarrollar una vida propia más allá del marco inmediato del mentor y el discípulo».

Se muestra ilusionado con los resultados de los debates. «La comparación me ha brindado una visión totalmente nueva de nuestro sistema [en Suiza] y nos ha permitido juntar dos culturas. Me ha hecho entender en qué consiste esencialmente la planificación».

Chipperfield profundiza: «Estamos comparando dos extremos. Estamos confrontando el sistema de planificación suizo, probablemente el más protegido, con el del Reino Unido, el menos protegido. En el Reino Unido el edificio se considera un producto. En Suiza, es parte de una ciudad».

«Por otro lado», añade Kretz, «en Zúrich no hay un impulso real en favor de grandes obras. Todo se debate mucho, los proyectos grandes y extremos no se llegan a construir».

Para resumir, Chipperfield dice: «El debate tiene que ver con la manera en la que un edificio puede contribuir a la ciudad. La gente piensa que la ciudad es algo que les ocurre, un proceso en el que no tienen voz».

Y ese es el quid de la cuestión. ¿Cómo puede empoderarse a los ciudadanos en un contexto de renovación constante del tejido de las ciudades en las que viven? En qué medida pueden implicarse en las complejidades de la planificación y evitar desilusionarse y sentirse ignorados es un tema clave en la agitación política actual que se vive en Europa. En cierta forma, es una lucha por la igualdad, con la ciudad como patrimonio común.

El compromiso público está subestimado, pero es crucial para nuestro futuro urbano.

«La planificación», explica Chipperfield, «da una idea de cómo puede ser una sociedad en el futuro», aunque Kretz añade cautela: «Los procesos actuales de planificación en la mayoría de las ciudades están lejos de ser perfectos; la mayoría impulsan la frustración y la confrontación».

¿Cree Kretz que el proyecto ha estado a la altura de las expectativas? «La influencia que ha tenido ya ha sido enorme», dice con entusiasmo. «Se trata de la arquitectura del pensamiento, más que de la propia arquitectura únicamente. También hemos sacado conclusiones. La planificación importa, tiene un impacto enorme en la manera en la que vivimos nuestras vidas. Tiene que relacionar el potencial de desarrollo individual con una visión compartida colectivamente. Es algo, pues, de interés público».

¿Y su conclusión? «El compromiso público está subestimado, pero es crucial para nuestro futuro urbano y la credibilidad de las ciudades y sus políticas».

El arquitecto británico, por su parte, se ha beneficiado de una manera en cierto modo sorprendente de la comparación entre Londres y Zúrich. El proceso suizo, aparentemente pesado y burocrático pero impecablemente democrático, parece resultar no solo más eficaz y eficiente, sino más rápido. En Londres, a pesar de jactarse de su ambiente tan favorable, sus torres insignia y su paisaje de grúas, el objeto de su estudio, Bishopsgate Goodsyard, sigue inactivo, mientras que el equivalente que han elegido en Zúrich (un lugar que también se encuentra junto a la principal estación de trenes de la ciudad) está volviéndose una sofisticada realidad. Es un paradigma que Chipperfield siente que puede usar en la lucha para hacer que el sistema de su ciudad sea más responsable y sofisticado. «Ahora podemos usar este estudio para explicar cómo un sistema en el que los planificadores tengan más poder puede funcionar.

«Los arquitectos están cada vez más marginados. Nos hemos vuelto cómplices del sistema y una especie de caricatura. En particular esta idea de starchitect (arquitecto estrella), que se ha convertido en el emblema de nuestra profesión. Conforme me hago mayor me doy cuenta de que me interesan menos los edificios y más las ciudades en las que están y cómo las diseñamos».

Chipperfield y su discípulo tienen pensado escribir un libro juntos en el que describirán los resultados de su investigación. Es una buena manera de terminar lo que ha sido un año de mentoría complejo y fructífero.

Edwin Heathcote es el crítico de arquitectura del Financial Times. Es arquitecto, ha escrito más de una docena de libros y edita el archivo online de obras sobre diseño readingdesign.org.

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