TRAS LOS SECRETOS DEL UNIVERSO

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A finales de los años cincuenta, Rolex forjó vínculos con el CERN, el laboratorio de física de partículas europeo, gracias a su búsqueda compartida de la excelencia.

En un tranquilo barrio residencial de Ginebra, el CERN está descifrando los engranajes del universo usando detectores y aceleradores de partículas, incluyendo el acelerador más grande del mundo: el Gran Colisionador de Hadrones, situado en un túnel subterráneo de 27 kilómetros.

El CERN se estableció en el período de posguerra para promover la paz, y cuenta con 22 países miembros y se ha convertido en un puntal científico de renombre mundial. Allí se inventó el World Wide Web, y en 2012, para mayor ostentación, el laboratorio anunció el descubrimiento de una nueva partícula.

En los años cincuenta, ingenieros y técnicos descubrieron que las ondas magnéticas alteraban el funcionamiento de sus relojes mecánicos. Como solución al problema, Rolex creó el Milgauss en 1956. Este reloj fue diseñado para resistir intensas interferencias superiores a una potencia de 1000 gauss, de ahí su nombre.

Rolex preguntó a los científicos del CERN si podían someter al Milgauss a fuertes alteraciones magnéticas. Los científicos confirmaron la resistencia magnética del reloj, provisto de una pantalla de protección magnética patentada que protege el movimiento.

Hoy en día, tras más de 60 años, Rolex sigue colaborando con el CERN financiando conferencias y eventos de divulgación científicos. La exposición permanente Universo de las Partículas en el Globo de la Ciencia y de la Innovación, el emblemático edificio de la organización, también ha sido patrocinada por Rolex.

Rolex y el CERN están estrechamente relacionados gracias a sus valores compartidos, están unidos por su pasión por la ciencia y por el compromiso con el rigor y la excelencia.

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