Miranda WangReutilizar los desperdicios de plástico no reciclables

Fecha de publicación: 2019clockTiempo de lectura: 2min 17s
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Cada año se producen en masa 340 millones de toneladas de plástico en el mundo. La mayor parte de ese plástico termina obstruyendo vertederos, ríos y océanos y contaminando la atmósfera, el suelo y el agua. La empresaria tecnológica Miranda Wang, canadiense de origen chino, ha tenido una idea mejor para abordar el dolor de cabeza más grande del mundo en términos de residuos: convertirlo en riqueza mediante una tecnología exclusiva de reciclaje químico desarrollada por su empresa BioCellection.

UbicaciónCalifornia, Estados Unidos

«Estamos usando plásticos que hoy en día no son reciclables», explica. «Eso significa que actualmente no hay tecnologías económicas capaces de convertir esos plásticos en un producto de valor. Nosotros recogemos residuos como bolsas de plástico sucias o materiales de envasado de un solo uso, y los transformamos en materiales valiosos de alto rendimiento hechos con contenido reciclado que tienen las mismas propiedades que los materiales vírgenes».

El problema de los residuos plásticos es extremadamente apremiante, y cada día que pasa sale más caro. En los Estados Unidos, el plástico se está acumulando en instalaciones de gestión de residuos y vertederos a un ritmo de 30 000 toneladas al mes desde que China, que ha sido importadora de la mitad de los residuos públicos del mundo durante los últimos 30 años, prohibió las importaciones de plástico en el 2018. En la actualidad, se recicla menos de una décima parte de todos los residuos plásticos del mundo.

Wang se marcó el objetivo de resolver uno de los mayores problemas de contaminación del mundo ya en su adolescencia, cuando ella y Jeanny Yao, su mejor amiga y ahora cofundadora, visitaron una planta de procesamiento de residuos en una excursión con la escuela. Aquella experiencia despertó su entusiasmo y, después de siete años de pruebas, han dado con un hallazgo revolucionario.

A nivel mundial, solo se recicla el 9 % de los plásticos que producimos cada año.

Miranda Wang

Cuando todavía eran estudiantes, Wang y Yao convencieron a la Universidad de Columbia Británica para investigar en un laboratorio. En colaboración con otros investigadores más experimentados, descubrieron que en el río Fraser, situado no lejos de allí, había dos bacterias que comían plástico. Pero esa no era la mejor solución para ampliar el proyecto. Aquellas primeras aventuras llevaron a Wang a recaudar 5 millones de dólares entre 2015 y 2019. Con ese capital, estableció BioCellection en Silicon Valley para buscar nuevas respuestas a la emergente crisis mundial del plástico. Desde entonces, su empresa ha desarrollado tecnologías de reciclaje para transformar plásticos no reciclables, contaminados y sucios en materiales de cualidad para impresión 3D y productos de consumo.

Uno de sus logros es el descubrimiento de un proceso que descompone el plástico de polietileno (PE) en precursores químicos usados como bloques de construcción para materiales con un potencial valor comercial de miles de millones de dólares (el PE representa un tercio de todo el plástico producido). El proceso de Wang es mucho más barato que la extracción de esas mismas sustancias de recursos de combustibles fósiles. Además, multiplica el valor de los residuos —cuando se supraciclan en materiales acabados— lo cual supone un incentivo real para ahorrar plásticos en lugar de desecharlos o quemarlos.

«Hoy en día no existe prácticamente ninguna tecnología que funcione con los plásticos realmente sucios», explica Wang. «Estos plásticos son de tan baja calidad que no tiene sentido limpiarlos y hacer nuevos productos con ellos. Nosotras nos centramos específicamente en esos plásticos problemáticos que nadie quiere ni tocar».

«Hemos inventado un nuevo proceso sostenible y económico para fabricar químicos industriales de alto valor a partir de esos plásticos. Hemos podido utilizar estos químicos para sintentizar materiales que ahora están cerca de igualar el rendimiento de fotopolímeros vírgenes y poliuretanos termoplásticos. Ahora mismo la aplicación directa para estos materiales es en impresión 3D y calzado».

Una consecuencia importante del proceso de Wang es que disminuye la cantidad de dióxido de carbono que se emitiría si el plástico se quemara o desechara y si los químicos se elaboraran a partir de petróleo virgen. El resultado es una reducción de los residuos y de la huella climática de las industrias químicas. Se trata de un paso más hacia la construcción de una «economía circular» sostenible en la que nada se desperdicia ni contamina.

La próxima meta de Wang es el desarrollo de una planta de procesamiento totalmente comercial. Ella y su equipo esperan haber reciclado cientos de toneladas de residuos plásticos hasta el 2023 (eliminando 4600 toneladas de emisiones de CO2) gracias a la producción de sustancias químicas a partir de residuos plásticos que de otra manera serían desechados por la sociedad.

«Esto es solo el comienzo de nuestra estrategia prolongada para aumentar y diversificar en un conjunto de productos reciclados de alto rendimiento», comenta Wang.

  • 340 millones de toneladas

    de plástico producido a nivel mundial cada año

  • 9 %

    del plástico nuevo se recicla

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