PASIÓN POR LA ARQUITECTURA

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Cuando Rolex construye o amplía su Sede o sus edificios de producción, pone la misma atención por los detalles y la estética que durante la fabricación de sus preciados Cronómetros.

Por Michel Nemec

En 1961, Rolex presenta un ambicioso proyecto de los nuevos edificios que albergarán la Sede administrativa y los talleres de relojería de la marca en Ginebra (Suiza). La manufactura relojera, puntera en innovación desde el momento mismo en que fue creada, manifiesta una pasión por la modernidad que encuentra una de sus expresiones más emblemáticas en la arquitectura.

En colaboración con el estudio de arquitectura Addor, Julliard & Bolliger, Rolex va a dejar marca en el paisaje arquitectónico de la ciudad al erigir, en el distrito industrial de Praille-Acacias, unas torres gemelas sobre pilotes. Se trata de una reinterpretación inédita y eminentemente contemporánea del concepto de fábrica, que agrupa en un mismo lugar toda una serie de actividades que abarcan desde la fabricación hasta la difusión, pasando por la comercialización y el servicio posventa de los productos de relojería. El edificio, que reúne en una sola unidad espacial oficinas y talleres de fabricación, constituye un organismo completo, complejo y autónomo. Estas torres gemelas, hechas de metal y vidrio, transmiten conceptos propios de la marca, como la precisión del detalle, el cuidado en el montaje y la complejidad técnica. La nueva Sede de Rolex se convertirá rápidamente en una obra emblemática de la arquitectura moderna en Ginebra.

CONSTELACIÓN INDUSTRIAL DE ENVERGADURA

A principios de la década de 2000, Rolex emprende una reconversión industrial de una magnitud sin precedentes. Tras la construcción de una nueva unidad de producción al este de Ginebra, la marca se embarca en la construcción de otras dos sedes de dimensiones monumentales. Estos proyectos se confían al estudio de arquitectura ginebrino Brodbeck-Roulet en asociación con la empresa de ingeniería civil Guscetti & Tournier SA (actualmente, Ingeni SA).

Rolex es el promotor que más atención presta a lo que construye.Gabriele Guscetti, Ingeni SA

La Sede mundial de Acacias se transforma en un imponente complejo administrativo e industrial con aspecto de «centro metropolitano». Esta metamorfosis aúna la moderna elegancia de las torres originales, ampliadas en varias alturas, y las monumentales proporciones de los nuevos talleres relojeros. Las fachadas de vidrio gris antracita dibujan los contornos de la nueva Sede de Rolex, de la que emergen las dos torres gemelas, recubiertas de una segunda fachada de vidrio en el emblemático tono verde propio de la marca.

Inmediatamente después, Rolex llevará a cabo un segundo complejo industrial de gran amplitud al suroeste de la ciudad de Ginebra. Sólido y compacto, este nuevo complejo industrial cuenta con cerca de 130 000 m² de superficie útil repartidos en 11 plantas, de las cuales cinco son subterráneas. Sus atributos técnicos y arquitectónicos son idénticos a los de la sede de Acacias: versatilidad de los espacios mediante la optimización dimensional de la subestructura; ambiente luminoso adaptado a las necesidades específicas a través del control automático de la luz natural; prefabricación de los elementos estructurales y de las fachadas y empleo de sistemas modulares de gran precisión; paneles de vidrio en las fachadas; logística interna automática e informatizada.

Sede Mundial, 1995.

EVOLUCIÓN Y FLEXIBILIDAD

A partir de entonces, los complejos industriales de Rolex dejan de ser simples edificios para alcanzar el rango de «mega-manzanas» integradas en la ciudad. Estos participan de un fenómeno generalizado de concentración y complejidad de la sociedad urbana contemporánea, que se ve reflejado en la hipertrofia de la arquitectura. Su densidad y aspecto compacto recuerdan a las grandes infraestructuras comerciales, deportivas, culturales o de movilidad. Pero sus dimensiones responden también a la condición de versatilidad exigida por el promotor y a menudo invocada por los arquitectos e ingenieros encargados del proyecto. Una condición que va en la línea de la flexibilidad requerida por la constante evolución de las condiciones económicas y tecnológicas, y que solamente resulta posible cuando se trata de infraestructuras técnicas eficientes.

Los edificios de Rolex son la expresión contemporánea de los principios arquitectónicos que se impusieron a lo largo del siglo XX en las metrópolis modernas. La racionalidad de los procesos industriales desempeña a este respecto un papel determinante en la evolución arquitectónica y la renovación de los códigos estéticos.

Hoy día, el rigor de la arquitectura moderna parece haber perdido algo de ese halo suyo portador de progreso. Ha dejado paso a las hazañas arquitectónicas que se hacen posibles gracias a las proezas de la ingeniería contemporánea y a la utilización de materiales con capacidades nunca vistas. Las formas «sorprendentes», posibles gracias a la innovación tecnológica, se generalizan hasta el punto de acabar convirtiéndose en norma. La belleza de la verdad constructiva es reemplazada de esta forma por el placer y el prestigio que procuran una forma «excepcional» o una cubierta exclusiva.

Pero esa no es la actitud adoptada por Rolex. En sus proyectos ginebrinos, la marca opta por la innovación tecnológica al servicio de la funcionalidad. Así, el legado de la arquitectura moderna parece seguir siendo válido. Sin embargo, la eficiencia técnica y funcional resultado del empleo de tecnologías innovadoras ahora proporciona confianza y facilita las cosas. Si la eficiencia de un producto de alta precisión es condición indispensable para su calidad, la discreción de Rolex acerca de los medios para lograrla es rigurosa.

UNA ARQUITECTURA FUNCIONAL

Gabriele Guscetti, del estudio Ingeni SA, jefe de proyecto e ingeniero de las nuevas construcciones de Rolex en Acacias y Plan-les-Ouates, resume perfectamente el enfoque arquitectónico de Rolex:

«Rolex es el promotor que más atención presta a lo que construye, a cada una de las técnicas puestas al servicio de la arquitectura. Al igual que en un reloj, cada elemento cuenta con toda la atención que merece, hasta la pequeña junta que garantiza la hermeticidad. Cada componente de un edificio cuenta tanto como la suma de todos ellos, como la obra al completo (…). Las construcciones de la marca son proyectos únicos que generan nuevas aplicaciones de técnicas punteras, a menudo ya existentes pero desarrolladas específicamente y adaptadas a las necesidades de Rolex. Aplicaciones originales, siempre fundamentadas en una razón de ser objetiva. Nunca se da una puesta en escena, una búsqueda de extravagancia. La arquitectura de los edificios de Rolex es, ante todo, racional y con una obligada flexibilidad de evolución. Las personas que trabajan en estos edificios deben poder disponer de una herramienta eficaz y, al mismo tiempo, sentirse bien en el interior de los mismos».

La tecnología al servicio de la funcionalidad, de la eficacia y de la ergonomía: ese es el espíritu que Rolex insufla a sus obras arquitectónicas y que, sin duda, refleja el espíritu que rige el diseño de sus relojes.

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