Mia Couto y Julián FuksColonias del pensamiento

Fecha de publicación: 2018clockTiempo de lectura: 2m50s
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Un sentimiento compartido de exilio heredado es una afinidad entre Mia Couto y su discípulo Julián Fuks, que necesita ayuda para expresar su historia familiar a través de la ficción.

por Maya Jaggi Enero de 2018
  • Mia Couto
  • Julián Fuks

Entre palmeras y cañones oxidados de una fortaleza portuguesa del siglo XVIII en Mozambique, Mia Couto y su discípulo Julián Fuks mantienen una animada conversación a pesar del intenso calor. Las sangrientas batallas de la fortaleza de arenisca en la bahía de Maputo son ignoradas entre los rascacielos de la capital. Couto señala la estatua ecuestre de un general colonial y los relieves de bronce, que representan la captura del emperador mozambiqueño Ngungunyane en 1895, para aclarar la historia que hay detrás de la trilogía de novelas que está escribiendo.

Muestra a Fuks la tumba tallada del líder derrotado que murió en el exilio. Los restos simbólicos fueron repatriados 80 años después. A pesar de que ese hombre es considerado hoy en día como un héroe de la resistencia, fue un invasor zulú. «La gloriosa victoria militar declarada por los portugueses fue ficticia, pues el imperio de Ngungunyane ya estaba en decadencia», explica Couto. «Cuando Mozambique, ya independizado, estaba buscando héroes, crearon una ficción eliminando que era un tirano. Dos grandes mentiras oficiales sobre el mismo hombre. Lo que me interesa es cómo la historia se basa en mentiras y cómo produce otros relatos».

Cuando se conocieron hace un año en Maputo, donde vive Couto, al escritor mozambiqueño Fuks le pareció «tímido, introvertido, serio —no el típico brasileño extravertido. Compartimos las mismas preocupaciones políticas y sociales sobre el mundo. Julián se sentía prisionero de su propio estilo. Quería cruzar algunos límites, abrir puertas y tener una aventura». El joven autor esperaba imitar la poesía en prosa de Couto, y la forma con la que una historia más larga configura a sus personajes. Fuks, cuya ficción se basa en gran medida en su historia familiar, quería «ir más allá de la creación de historias y personajes, y no estar tan vinculado con la realidad».

Mozambique obtuvo la independencia en 1975, mientras que Brasil rompió los lazos coloniales a principios del siglo XIX. «Los dos hemos sido colonizados por el mismo país», comenta Couto, «por lo que tenemos una urgente necesidad de introducir divergencias entre ellos y nosotros dentro del mismo idioma —el portugués».

Esa lengua común hace que esta mentoría sea pionera, al tratarse de los primeros escritores en lengua portuguesa unidos a través de la Iniciativa Artística Rolex. Escriben en un idioma eclipsado por la primacía del inglés. Fuks señala una «perversión en este sistema: si eres un escritor brasileño nunca publicado en inglés o francés, es improbable que seas traducido en Argentina. Parece que es necesario pasar por el inglés y la visión europea para ser leído por tus países vecinos». Sin embargo, para Couto, «Quizá sea bueno que te consideren distante; conservar algo especial en nosotros que no está globalizado».

El que ninguno sea europeo duplica su sentido de la escritura desde la periferia —en lugares con poco contacto directo. Tal y como observa Fuks, «Estamos en antiguas colonias que ven Portugal como el centro decadente que atraviesas para ir a cualquier parte». El año de la mentoría ha roto esas barreras, permitiéndoles encontrarse por el mundo lusófono: en las Azores, São Paulo en América del Sur, y Sudáfrica, escenarios para la ficción que llevan a cabo.

Couto ha escrito más de 30 libros, traducidos en 20 idiomas, desde Terra Sonâmbula (Tierra sonámbula, 1992), una de las novelas africanas más importantes del siglo XX sobre el trauma de la guerra civil de Mozambique 1977–1992, hasta A Confissão da Leoa (La confesión de la leona, 2012).

Ha ganado los premios Camões y Neustadt, y fue finalista del Premio Man Booker International 2015. El también periodista y crítico Fuks ha escrito cinco libros, incluyendo A resistência (La resistencia, 2015), que ganó el Premio Jabuti de Brasil a la mejor novela de 2016 y el Premio José Saramago en 2017.

La mentoría empezó cuando Couto estaba terminando el segundo volumen de su trilogía, The Sands of the Emperor, y Fuks se embarcaba en su cuarta novela, The Occupation. Pasaron tres semanas en las Azores, donde Couto estaba investigando a Ngungunyane, quien murió en las islas del Atlántico en 1906. «Pensé que escucharía a Mia hablando con gente» comenta Fuks, «pero en sus libros las voces salen de su interior, las inventa. Es fantástico ver cómo convierte hechos históricos en literatura». Para Couto, la línea entre la realidad y la ficción es menos clara: «No estoy buscando algo real. En Mozambique tenemos distintos pasados; todos son interpretaciones, por lo que opino que no hay que centrarse en una sola idea».

En sus libros las voces salen de su interior, las inventa. Es fantástico ver cómo convierte hechos históricos en literatura.

El tiempo que pasaron en las Azores fue tranquilo, comenta Fuks. «Quedamos para comer y cenar. A veces hablamos sobre literatura, pero generalmente sobre otros temas». Intercambiaron biografías sobre el exilio heredado. Couto nació en Mozambique en 1955 de padres portugueses que escaparon del dictador fascista António de Oliveira Salazar, Fuks en Brasil en 1981 de padres argentinos que huyeron de la «guerra sucia» de la junta en 1977; aprendió a escribir en español antes que en portugués. Sus abuelos paternos eran rumanos judíos que viajaron a Argentina en los años 20, creando una «familia de muchas migraciones». Para Couto, «los dos buscamos historias como una forma de viajar al pasado. Nunca conocí a mis abuelos; la familia era una quimera». Pero sus padres evocaban lo que habían perdido. «Me di cuenta de que podíamos crear un mundo basado en historias».

Intercambiaron trabajo. «Es un mentor muy lacónico», afirma Fuks, «pero sus intervenciones siempre son precisas. Después de hablar con él, hay una mayor claridad. Mi lenguaje se está haciendo más poético, lírico». Couto comenta, «Fue un beneficio mutuo. Enviaba un texto a Julián y, al día siguiente, quedábamos para tomar un café con la copia impresa. Estoy animándole a comenzar algo excéntrico y él me está enseñado los límites. Él escribe una página, mientras que yo escribo 50, ya que me encanta el idioma. Me cuesta controlar a mis personajes. Él puede ayudarme a contenerme».

En cambio, Couto dio consejos a su discípulo sobre el bloqueo del escritor. «Busco la palabra concreta, la perfecta sonoridad y me bloqueo», afirma Fuks. «Mia ha estado intentando que escriba una especie de discurso, un mensaje de texto que no tiene por qué ser trascendental». Según Couto, «Todos los escritores sufren el bloqueo del escritor. A principios de año, Fuks pensó que conseguiría más control.

A principios de año, Fuks pensó que conseguiría más control. «Pero lo que Mia pudo enseñarme fue a tener menos control, sin ser demasiado perfeccionista. Si soy sincero, este es un aspecto en el que estoy fallando. Estoy replanteándome todo lo que hago». Un truco para soltarse fue introducir cartas en el texto entre su narrador alter ego y el escritor Mia Couto.

Couto, que compagina la escritura con su trabajo como biólogo medioambiental, compara su relación con la simbiosis. «Nos beneficiamos mutuamente. Soy como un hermano mayor que tomó los mismos caminos y dice, “no tengas miedo”». Fuks se siente impresionado por la humildad de su mentor, que se refleja en la manera en que esta celebridad nacional habla con los vendedores ambulantes de pescado en el exterior de la fortaleza de Maputo.

En la cafetería del Polana Serena Hotel de Maputo, que recobró el esplendor de los años 20 tras el fracaso de la guerra civil, Fuks describe el hotel de São Paulo, que es el centro de La Ocupación, donde tuvo un hogar poco común para un escritor a finales de 2016. El Hotel Cambridge había cerrado a finales de los 90. Abandonado y lleno de basura, volvió a ser ocupado en 2012 por un movimiento de los sintecho, y fue renovado para acoger a 200 familias.

«Una noche, nos preparamos para ocupar más edificios, pasé la primera noche con ellos; eran menos vulnerables a la violencia de la policía si había periodistas, artistas o médicos por allí». Para Fuks, «se convirtió en una participación política. Esperaba ser un mero espectador, pero acabas simpatizando con su lucha. La acción directa para defender los derechos era más importante que la recogida de material».

Es un mentor muy lacónico, pero sus intervenciones siempre son precisas.

Entre los sintecho había refugiados de Angola, Congo, Paraguay y Perú. Fuks pasó varios meses escuchando y grabando. «Pero necesitaba que formara parte de mí y que se convirtiera en algo más. Posiblemente fue gracias a Mia; la forma de tratar el material que recopilas para la ficción cambió con este libro. No soy un inútil en la escritura, sino en la investigación. Mia era influyente porque yo conseguía escribirlo todo. Pero pensé, puedo rehacer esto; los personajes no tienen que ser exactamente iguales. Cuando se terminó, tenía material mucho más diferente de lo que esperaba; no solo testimonios, sino una experiencia directa de su lucha, al sentirme como uno de ellos».

Couto comenta: «Julián está intentando salir de sí mismo y encontrar otras voces. Sabe que lo que importa son las historias que la gente provoca en ti. Miras dentro de ti mismo, pero a través de otros». Al recordar el desafío de dar vida a personajes femeninos, Couto comenta, «Formo parte de una generación que tenía que demostrar que era un hombre de verdad —todos los clichés. Pensé en hablar con las mujeres: ¿qué harían ellas? Después, me di cuenta de que aquella mujer está dentro de mí. El reto consistió en perder el miedo a aceptar que esa parte de mí era femenina. Realicé ese viaje». Añade, «Mi mensaje para Julián es, vuélvete loco y ábrete». Dale voz a las mujeres; deja que ellas cuenten la historia... Mantente ocupado».

Fuks empezó el año queriendo alejarse de la autoficción, aunque le sorprendió el reto que su mentor le planteó. Aparte de un relato corto, nunca había descrito a quien era su pareja desde hace 15 años, una periodista con la que esperaba su primer hijo. «Quería preservar esa parte de mi vida», explicó Fuks, «pero Mia dijo, “¿por qué la dejas aparte?” Tal como sugirió, empecé a escribir como experimento. De esta manera, se ha convertido en el aspecto principal de este libro: un escritor cuya mujer se queda embarazada, estando su cuerpo ‘ocupado’ por otro ser».

Cuando la mentoría finalizó, la mujer de Fuks dio a luz a su hija, Tulipa. Era demasiado pronto para decir si se colaría en la novela de su padre o cómo lo haría. Pero la puerta estaba abierta. La aventura había comenzado.

Maya Jaggi es una periodista cultural internacional galardonada, escritora y crítica, y colaboradora del Financial Times. Durante una década, fue una importante escritora de reseñas para Guardian Review.

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