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Creados para perdurar

Longevidad, fiabilidad, continuidad

La visión de Hans Wilsdorf era a largo plazo, y los progresos que llevó a cabo en diseño, materiales y ciencia, hicieron que sus relojes fueran también duraderos. En el siglo XXI, su hazaña se mantiene en la cultura de la empresa, donde sus valores están protegidos y los mayores estándares de excelencia están presentes en cada aspecto de la producción. En Rolex, cada artesano, ingeniero y científico se siente orgulloso de proteger y desarrollar la calidad por la que la marca es conocida.

Hoy en día la visión de Hans Wilsdorf parece definitivamente moderna. Gracias a su rotor Perpetual, el Oyster no necesita una fuente de energía externa; se carga automáticamente con el suave movimiento de la muñeca. El Oyster Perpetual es un reloj para nuestro tiempo: está creado para conservar y perdurar.

La belleza mecánica del movimiento automático es deslumbrante —elementos diminutos de cientos de componentes fabricados con el máximo rigor y compuestos perfectamente en su caja hermética. Se necesita algo más que destreza científica para seguir avanzando y para marcar siempre un tiempo preciso. Se necesita filosofía, la convicción de que la evolución constante y la excelencia perdurable beneficiarán a las generaciones futuras. Esta filosofía ha llevado a Rolex a rebasar sin cesar los límites de lo posible en todos los aspectos de su trabajo. En la búsqueda de la excelencia perpetua, nada está a la merced del destino —desde el equipo especializado que la empresa ha desarrollado para producir y someter a prueba los relojes hasta los laboratorios donde se llevan a cabo la investigación y el desarrollo, y los talleres que se optimizan continuamente para permitir un trabajo de la más alta calidad. Cada reloj debe ser el mejor reloj posible. Nada ilustra mejor la historia de la ambición de la empresa por la excelencia perpetua que su maestría técnica de la hermeticidad.

En 1926, Hans Wilsdorf presentó el primer reloj de pulsera hermético del mundo: el Oyster. Un poco más de 30 años después, en 1960, la pericia de Rolex sumergió un reloj a bordo del Trieste a la parte más profunda del océano, la fosa de las Marianas. Hasta ahora se han hecho dos viajes de este tipo. El más reciente fue en 2012, cuando el explorador y director James Cameron descendió al punto más profundo de la fosa con un reloj experimental, el Rolex Deepsea Challenge, colocado en un brazo hidráulico en su sumergible. Al igual que en su primer viaje, el reloj marcó perfectamente la hora a casi 11 kilómetros de profundidad, resistiendo a una presión de más de 12 toneladas sobre el cristal, para luego emerger del agua intacto.

  • En 1960, la pericia de Rolex sumergió un reloj experimental, el Deep Sea Special, a bordo del Trieste a la parte más profunda del océano, la fosa de las Marianas. En 2012, el explorador y director James Cameron descendió al punto más profundo de la fosa con otro reloj experimental, el Rolex Deepsea Challenge, colocado en un brazo hidráulico en su sumergible.

  • En 2012, el explorador y director James Cameron descendió al punto más profundo de la fosa con otro reloj experimental, el Rolex Deepsea Challenge, colocado en un brazo hidráulico en su sumergible.

Rolex ha creado relojes para cada ámbito: submarinismo, automovilismo, alpinismo, aviación, vela y exploración. Se han ido actualizando con los años, añadiendo nuevos avances para mejorar la funcionalidad y aumentar la seguridad de sus usuarios.

Las más de 500 patentes que Rolex ha registrado todos estos años son el testimonio de una constante presentación de nuevas invenciones, nuevos diseños y métodos de ingeniería. Abarcan todo tipo de detalles, desde los discos del bisel hasta los funcionamientos internos más sofisticados del reloj. Uno de ellos es el escape Chronergy. Juega un papel principal en la medición del tiempo por parte del movimiento, y sus alternancias producen el inconfundible tictac de un reloj mecánico. Es un triunfo de la microtecnología, cuyo complejo y exigente proceso de producción recurre al amplio savoir-faire e ingenio de Rolex.

A su vez, la estética de los relojes se ha realzado mediante nuevos métodos sin comprometer, por supuesto, su legendaria fortaleza. El bisel con disco Cerachrom de cerámica roja y azul del GMT-Master II supuso años de investigación y desarrollo: fue necesaria una combinación de complejos compuestos químicos y un proceso especial para perfeccionar el bisel bicolor. Tras un tratamiento de calor, resulta prácticamente imposible de rayar por su dureza.

Existen muchas otras invenciones que autentifican la excelencia de la investigación de Rolex sobre materiales. Entre ellas se encuentran el exclusivo oro Everose con sus destacadas tonalidades rosas, y el acero Oystersteel, una superaleación de acero única que aporta una mayor resistencia a los golpes y rayaduras, además de un brillo excepcional al ser pulido.

La belleza mecánica del movimiento automático es deslumbrante —elementos diminutos de cientos de componentes fabricados con el máximo rigor y compuestos perfectamente en su caja hermética.

Todas las operaciones se llevan a cabo en Suiza, así Rolex mantiene un control completo de la calidad. El trabajo tiene lugar en cuatro sedes, donde los componentes esenciales se diseñan y fabrican. Cada paso del proceso se completa en sus talleres, desde la fundición del oro hasta la elaboración de las espirales y los ejes más diminutos, pasando por la fabricación de las cajas y su ensamblaje final. Además, cada movimiento dispone de la certificación oficial del COSC (Control Oficial Suizo de Cronómetros) antes del ensamblaje final del reloj. Es entonces cuando Rolex somete al conjunto del reloj a pruebas estrictas para confirmar que merece la mención de Cronómetro Superlativo. El estatus de Cronómetro Superlativo se simboliza mediante el sello verde que incluyen todos los relojes Rolex y que va acompañado de una garantía internacional de cinco años.

Un reloj Rolex es una obra de arte, posee una belleza que surge desde lo más profundo de su mundo interior. En una época en la que pocas cosas duran para siempre, un reloj Rolex es un tesoro que valorar, un recordatorio de los valores que necesitamos mantener y transmitir. Pertenece a un universo especial de excelencia que Rolex ha creado, como una marca de optimismo y de inversión en el futuro. Es imperecedero.

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